La tan venerada imagen del Cristo Nazareno de Atalaya ha vuelto a lucir su aspecto original luego de ser sometida a trabajos de restauración.
Reginio Aguilar, cura párroco de Atalaya, sostiene que la reparación realizada por los especialistas españoles José Pablo Cañete y Antonio Luis Troya fue integral (de toda la pieza), y con ella la representación recobró el aspecto que tenía al menos hace 100 años, según testimonio de atalayeros de avanzada edad, ya que los retoques anteriores solo se realizaron en el rostro y las manos.

Descubrimientos
Durante los diez días que demoró hacer la restauración, a razón de 18 horas por jornada, los españoles descubrieron detalles que eran ignorados por los feligreses, entre ellos que la imagen tiene el ceño fruncido y con arrugas en la frente.
Es una sola talla labrada con forma corporal y aparentemente de la madera conocida como nogal, por lo cual los restauradores se llevaron unas pequeñas muestras para examinarlas y confirmar si corresponde a esta especie maderera.
También se determinó que la imagen original tenía pequeñas venas en pies y manos, que los huesos de la clavícula y los músculos del cuello estaban más pronunciados, y que los dedos de las manos originalmente eran separados, pese a que antes de su intervención estaban pegados.
Además, la madera en sí no presenta cicatrices en el rostro, sino que estas fueron agregadas en las intervenciones que se le hicieron con el paso del tiempo.
En cuanto a la policromía de la figura, se notó que producto de las múltiples restauraciones que se realizaron anteriormente, el color original se había perdido, observándose al menos tres capas por encima del inicial.
Por tal razón, la imagen fue lijada completamente y basándose en los tonos utilizados en la época en que fue tallada (hace unos 400 años), cuando se elaboraban ese estilo de esculturas, se hizo una policromía (colorido) muy semejante a la original.
Troya comentó que durante el proceso de restauración una de las dificultades que enfrentaron fue la humedad, lo que dificultó las labores, por lo que colocaron deshumidificadores, lámparas de calor y ventiladores a lo interno de la parroquia.
Tanto Troya como Cañete expresaron que al final se logró obtener una imagen con vida, tal como lo deseaban los creyentes, gracias a que se trabajó bajo criterios profesionales, respetando la historia y la devoción del pueblo de Atalaya y de los feligreses hacia su Jesús Nazareno.
Retos enfrentados
Cañete comenta que antes de venir a Panamá, él y su colega se habían ilustrado sobre la imagen del Nazareno de Atalaya y sabían que enfrentarían un gran reto, sin embargo, al llegar al lugar encontraron que el trabajo resultaría mucho más difícil de lo que se esperaban.
El restaurador reconoce que la escultura del Cristo estaba en estado crítico, ya que presentaba ataque de polillas en varias partes del cuerpo, desprendimiento del cabello y de las orejas y algunas fisuras en el tronco y los pies, entre otros detalles que al final fueron resanados en su totalidad.