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Municipio se niega a recoger basura en escuela


P. Oeste. La directora de la escuela primaria Naciones Unidas, Sonis de Velásquez, advirtió que teme la aparición de alguna epidemia donde asisten 1,932 estudiantes, debido a la acumulación por más de dos semanas, de la basura generada en el centro escolar y la consecuente aparición de moscas.
Aseguró que el problema se produjo tras la negativa del Municipio de La Chorrera a prestar el servicio de recolección.
La directora del plantel afirmó que el Municipio de La Chorrera ha puesto como condición para la prestación del servicio el pago de B/.25 en concepto de tasa de aseo, lo cual no puede sufragar la dirección del plantel y aún menos la Asociación de Padres de Familia.
Agrega haber conversado con el jefe de Mantenimiento, Antonio Medina y la alcaldesa Yolanda Villa de Arosemena, para llegar a un acuerdo, no obstante la respuesta fue que se carecía del equipo rodante para prestar el servicio en todo el distrito y por ende a todos los centros escolares.
La directora Velásquez reiteró que por el momento resulta imposible hacer frente a tal pago tomando en consideración la merma en los ingresos, debido a la negativa de los padres de familia al pago de una matrícula.
En tanto, miembros del Club de Padres de Familia de la escuela Naciones Unidas afirmaron que la negativa del Municipio a recoger la basura de la escuela obedece al no pago del impuesto de la tasa de aseo, lo cual les fue manifestado por el jefe de Mantenimiento, Antonio Medina, quien alegó además estar cumpliendo órdenes superiores, en referencia directa al Departamento de Tesorería.
A su vez la maestra Judith de Esturaín, con un salón de clase cercano al depósito de basura, advierte que los malos olores y las moscas se han convertido en un problema al momento de impartir clases.
Advierte además que el proceso de descomposición de más de dos mil envases diarios de leche que se consumen en la escuela, agravan la situación.
Los padres de familia expresaron que en ningún momento la respuesta del funcionario fue dirigida a la falta de equipo rodantes para la prestación del servicio.
Por su parte el tesorero Municipal, José Aparicio, negó haber dado tal orden, considerando que el Departamento de Mantenimiento no responde a recomendaciones de su despacho, sino directamente de la administración alcaldicia.
Aparicio explicó que algunas escuelas le han solicitado la aplicación de un gravamen por la recolección de la basura, lo cual resulta imposible debido a que no se les está prestando regularmente el servicio; añadiendo que en el pasado nunca se ha aplicado tal impuesto a las escuelas.
Agregó que a ninguna escuela se ha cobrado tal impuesto y sólo podría ser en el caso de que las autoridades de una determinada escuela y el Municipio, llegaran a un acuerdo.

Transcurrieron cinco años aproximadamente, y Miguelito permaneció en la misma condición a base de pastillas “Fenobarbital” de 32 mg. Que lo mantienen estable. Durante este mismo tiempo dejó de recibir atención médica, por la precaria condición económica en que se encuentran sus padres.
La segunda etapa de atención especializada inició el 4 de diciembre de 1995, en una gira médica que realizó el Centro de Salud Miguel Sayagüez del Espino, a la comunidad de la Bonga, ubicada a más de 40 kilómetros de distancia del centro de Capira.
Poco después volvió al Hospital del Niño, ya que no podía someterse a terapias permanentes en el Hospital Nicolás Solano por sus constantes convulsiones.
Desde 1996 ha estado asistiendo al Hospital del Niño, sin mayores resultados, atendido por la doctora en Neurología, Carmen de Báez.
Una de las razones reales que han dificultado a Miguelito avanzar en su atención, es el factor monetario que ha impedido que sus padres le puedan ofrecer medicamentos más especializados.
Ahora, una de las mayores preocupaciones de la familia es que las autoridades del Hospital del Niño le comunicaron, que al cumplir los 15 años no podrá recibir atención en ese centro hospitalario, porque esa es la edad tope de los niños.
Su padre es un agricultor de subsistencia que apenas le da para mantener la familia de siete miembros.
Según dijo Miguel Martínez, padre del menor, asistir con su hijo a las citas programadas, es una verdadera odisea, ya que tiene que trabajar por varios días o lograr vender productos de su hortaliza en el mercado para recolectar el dinero.
Es una realidad difícil que pocos padres pueden superar; y más aún cuando la realidad social es de pobreza, sin un ingreso permanente que le facilite cotizar en la Caja de Seguro Social (CSS), para atender a su hijo y sin una casa en mejores condiciones.
Estas son algunas de las dificultades por la cual atraviesa la familia Martínez, con la esperanza de un milagro o que simplemente el gobierno les pueda ofrecer algún tipo de ayuda a través de sus gobernantes centrales o distritales.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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