Un terreno con una casa donde vivir, además de un trabajo, son parte de las anotaciones hechas por Luz Verónica Rodríguez, al niño Jesús y con copia a los Reyes Magos, en esta Navidad.
La misiva es de carácter urgente, tras conocer que el 15 de enero del próximo año, podría quedarse sin un techo para sus hijas.
Verónica es una de las 300 personas que meses atrás invadieron terrenos privados en el sector de El Progreso, corregimiento de Puerto Caimito, y aunque resistió el desalojo del 28 de noviembre pasado, sabe que quizás no corra con igual suerte en el mes de enero del 2004.
En la pequeña casa, apenas un cuadrado con hojas de zinc y otros materiales, vive con sus dos hijas, Luz Esmeralda de 6 años y Marina Guadalupe de tres, ninguna de ellas ostentaba en sus manos un juguete.
Verónica vivía anteriormente con su madre, lo que resultaba un problema, debido a lo pequeño de la casa, por lo que aprovechó la oportunidad de obtener un terreno durante la invasión de las tierras, de propiedad de una inmobiliaria, aunque sabía que se corría una suerte.
La casa fue construida con ayuda de la madre y materiales de segunda adquiridos en el lugar.
Verónica sufre de una enfermedad conocida como Mielitis Transversa, la cual adquirió a los nueve años y que la obliga a caminar utilizando un bastón de madera y doblada la espalda, manteniendo las dos rodillas pegadas.
Aún con su enfermedad, Verónica trabaja planchando, además de cuidar en ocasiones a niños y limpiar la casa, todo ello dos veces a la semana, alcanzando en ocasiones hasta B/.16.00.
Los daños causados por la enfermedad pueden se aliviados con atención medica y terapia, pero no cuenta con el dinero. Cada sesión de terapia cuesta B/.2.00 sumado el pasaje.
Según el médico que la ha atendido, con la terapia es posible que los músculos dejen de estar contraídos y pueda volver a caminar erguida, proceso que podría acelerarse de contar con un bicicleta, la cual no ha logrado obtener.
Aunque intentó obtener un cupo en el programa de Operación Sonrisa, cuando se realizó en el hospital Nicolás Solano, los galenos le indicaron que debía haber participado en alguna de las dos anteriores jornadas del programa.
Confiesa además que a duras penas logra conseguir el dinero suficiente para comprar la leche que consumen sus dos hijas, la comida diaria, el gas y otras necesidades.
Pese a cuánto puede, intenta ahorrar de lo poco que gana, las necesidades siempre son más y lo guardado debe ser invertido, siendo su salvación la ayuda que recibe de su madre, que también es lograda con dificultad.
A la carta del Niño Dios, agrega poder ampliar la casa que ocupa, a pesar que sabe que la tierra que ocupa no es suya.
Para Verónica, un trabajo, a pesar de su impedimento físico, sería la solución a sus problemas.
En esta época aún suceden los milagros, por lo que quizás de la mano de algún comerciante o del director de alguna entidad de gobierno, sea posible la realización de uno de los milagros anotados en la carta de Verónica.