Provincias

Pro Mundi 3: igualdad de oportunidades


Desde hace cinco años visité periódicamente poblaciones indígenas panameñas que viven en situaciones de extrema pobreza. Son seres humanos que luchan por salir de su situación actuando mediante grupos organizados.
La marginalidad en que se encuentran estos grupos poblacionales siempre me ha resultado alarmante. Su desnutrición, enfermedades infecciosas, afecciones pulmonares, analfabetismo generalizado, carencia de recursos productivos, les imposibilita el acceso a una calidad de vida que desde nuestro lado privilegiado, consideramos básico e imprescindible.
Los poderes públicos panameños no les prestan atención alguna, no estando siquiera identificados censalmente. Carecen de documento nacional de identificación personal y el Estado omite sistemáticamente los proyectos culturales o de desarrollo económicos respecto de estos colectivos aislados.
Viven dentro de un régimen de subsistencia, alimentándose de productos asilvestrados o con escasa transformación. Su condición de indígenas no les permite ir más allá de prácticas muy rudimentarias de cultivos y la nula explotación ganadera o avícola.
Sin embargo, una vez que se les conoce y se les trata, fácilmente se genera entre ellos y el visitante un sentimiento de complicidad, de atracción, de comunicación de valores humanos. La revolución urbanística frecuentemente nos asfixia estos sentimientos que afloran al contacto con personas que, no teniendo nada, se acercan con inocencia y nobleza al recién llegado dispuesto a compartir su pequeño mundo sin contrapartida alguna.
Mi primer contacto con las gentes de las montañas de Guabal supuso un gran impacto en mi visión de la sociedad y en la valoración de las personas. Allí contraje conmigo misma un claro compromiso de ayuda y colaboración.
Había llegado a Guabal tras un penosísimo viaje por la Cordillera Central. Se trata de un paraje donde la naturaleza se muestra exuberante y virginal a los ojos del desarrollismo incontrolado. El tiempo se para y el hombre aparece indefenso e insignificante ante aquel escenario natural, grandioso y bellísimo, a la vez salvaje y armonioso, pero en absoluto sometido o configurado a las necesidades o dimensiones del ser humano.
Si el filósofo Hegel nos habla de cómo la historia va perfeccionando al hombre conforme éste logra dominar a la naturaleza, superando todas sus limitaciones, hasta convertirlo en un Dios o Super-Hombre, resulta palmario que Guabal se encuentra en los prolegómenos del proceso histórico.
Las relaciones con estas personas me hizo creer en la simplicidad, en el minimalismo como filosofía de vida, en la naturaleza con sus formas desgarradoras y benevolentes, que obliga a quienes habitan en ella a ser igual o más fuertes para sobrevivir.
En aquel rincón de chozas de paja y en donde la pobreza y la desnutrición son los únicos compañeros, fácilmente podemos recrear la figura del buen salvaje en la naturaleza sin mancillar. Los casi 50 kms., que separan esta región de la civilización fueron para mí los más largos, agotadores y casi insalvables que he experimentado.
No obstante, aquel primer viaje me arrastró a otros varios que he seguido realizando durante estos últimos cinco años, con progresivo entusiasmo.
Aquellas personas indefensas ante un medio hostil, paradójicamente paradisíaco, habían de permanecer en aquel hábitat que era el suyo, en el que habían nacido. Pero era de justicia social el ayudarles a dotarse de medios que les permitieran dominar la naturaleza, sin destruirla, superar sus limitaciones en igualdad de oportunidades. Como hemos gozado la mayoría de las personas que estamos dentro de las coordenadas de desarrollo cultural y económico de los países privilegiados.
Con este objetivo y bajo estas consideraciones, proyecté la idea de crear PRO MUNDI 3, una asociación sin ánimo de lucro que está canalizando la ayuda humanitaria que donada por España, transportamos anualmente a Panamá. Nuestra ONG es una asociación pequeña, con ideas y ganas de trabajar, que necesita el apoyo de quienes se sienten solidarizarnos con esta labor altruista.
Soy ya varias las personas e instituciones que han colaborado con nosotros y es de justicia el mencionarles aquí: La delegación de Barcelona de PANALPINA Transportes Mundiales, que hace llegar a Panamá las mercaderías donadas en España. Gallina Blanca, Farmacéuticos Mundi, Ribas & Casals, Ferrer Pharma, Alimentos Infantiles Ordesa, Grupajes Carrillo, Sandoz Nutrición y otras personas españolas que a nivel particular han contribuido a hacer posible una ilusión materializada en PRO MUNDI 3.
Igualmente en Panamá agradecemos a Thomas Behn Echeuberg, gerente general de PANALPINA Panamá y a su equipo: Edna de Barrios y Jakelyn Gordon. Al director del Servico Aéreo Nacional de Panamá, Máximo Carrizo Vargas quien nos proporcionó un helicóptero para hacer llegar la carga a aquella área selvática.
Al mayor Irving Muñoz y al capitán Justiniani de la Policía de Veraguas, por almacenarnos y custodiarnos la carga.
Nuestro eterno agradecimiento a todos ellos y a todos los que han hecho posible hacer llegar nuestra ayuda a aquellos que luchan por su supervivencia.


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35093
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América