Marcelino Batista, de 54 años, reside en la comunidad de Pontones, él y su familia viven de la pesca y de la agricultura, pero la falta de un empleo fijo les impide satisfacer otras necesidades básicas.
El acceso a otros niveles educativos y la falta de atención médica sigue siendo un dolor de cabeza en los lugareños de Mariato.
Batista aprovechó también para señalar que la escuela de Palo Seco requiere de una cerca y de mantenimiento para que la presión del agua se mantenga diariamente. "Los niños a veces se quedan sin beber agua" informó.
María José Hernández, de 21 años, madre soltera de seis hijos, mencionó que en su comunidad en Pontones no hay teléfono público ni trasporte que en caso de urgencia pueda resolverles.
Para encontrar un teléfono "tenemos que caminar desde Pontones hasta Mariato, un trayecto de unos 30 minutos".
Allá la gente vive de acuerdo a su poder adquisitivo, aunque la pesca se convierte en el nervio motor de la economía.