Con una misa en la catedral San Juan Bautista de Penonomé y una peregrinación al Cementerio Municipal se iniciaron los actos en homenaje a los difuntos.
Con gran pesar se observaba a las personas que visitaban el camposanto para dejar flores y recordar a los seres queridos.
Las autoridades municipales, provinciales y locales, acompañadas por la guardia permanente del Cuerpo de Bomberos y estudiantes de los diferentes colegios del distrito se dirigieron desde tempranas horas al Cementerio Municipal, donde se dio lectura una resolución a la que dio lectura Dalia Peña, oradora de fondo de la fecha.
Posteriormente, familiares y autoridades procedieron a colocar ofrendas florales a las últimas moradas de Ezequiel González Meneses, Leonila Pinzón de Grimaldo, Angel María Herrera y otros personajes que dejaron en alto el nombre de la provincia, luchando por un mejor destino para el distrito.
En otros cementerios de las áreas rurales la situación era igual, los mismos estaban repletos de personas que visitaban las tumbas de sus seres queridos.
Los actos del 2 de noviembre culminaron en la noche con el tradicional paseo de antorchas organizado por el Cuerpo de Bomberos.
DISGUSTO EN BOCAS DEL TORO
En Bocas del Toro varias personas, con el disgusto reflejado en el rostro, mostraron su descontento, porque las personas no acostumbran a brindar el merecido recuerdo a sus familiares que volvieron a la tierra que los vio nacer.
Agregan que ni siquiera por ser el Día de los Difuntos, acuden a visitar o limpiar la tumba donde reposan los restos de sus familiares.
Un doliente, que prefirió reserva de su nombre, dijo que en su caso sólo una hija lo acompaña a la tumba de su esposa, mientras que el resto de sus parientes "todos profesionales y de buena posición" ni siquiera se preocupan de la suerte del procreador aún vivo, menos de recordar a la que fuera su madre.
Mientras pintaba, continuó expresando y sin lugar a dudas motivado por el dolor, lo injusto que pueden ser los hijos.
Luego de terminar de limpiar, tomó la brocha y el pequeño recipiente y se fue caminando por las orillas del cementerio nuevo de Changuinola.