P. Oeste. Todavía no se reponen a su irreparable pérdida. La familia del niño Cristian Jones, de apenas cuatro años, residente en Altos de Arraiján, recuerda la manera en que murió, con su cabeza aplastada por las llantas del bus 8B-2216, conducido por Luciano Robles Martínez.
"No alcanzó ni a gritar", dijo entre sollozos la profesora Griselda Garay, madre de Cristian, quien era el más pequeño de sus tres hijos.
Era su compañero inseparable a la hora de ir a la Iglesia Jesús de los Santos de los Ultimos Días, de donde venía junto con sus dos hermanos el día que el "diablo amarillo", acabó con su corta vida.
Contrario a lo que se señala el conductor involucrado en este accidente, que al dar la vuelta el menor se le atravesó en el camino, la madre sostuvo que los buses siempre llegan a la parada donde se bajaron sus hijos y retroceden porque se trata de una calle sin salida, sin embargo, ese día el conductor manejó hacia adelante arrollando a Cristian y a su prima.
"Ellos bajaron y esperaron que el bus retrocediera para cruzar, pero al ver que no lo hacía mi sobrina pensó que podía cruzarse antes de que se moviera, pero en ese mismo instante el bus arrancó hacia adelante y golpeó en la cabeza al niño y le pasó las llantas por encima de la cabeza", dijo la madre.
La desgracia pudo ser doble, ya que el bus también llegó a golpear a la prima de Cristian, quien quedó debajo del bus entre las llantas, perdiendo por segundos el conocimiento.
Fueron momentos muy tristes los que vivieron familiares del pequeño Cristian, a quien su hermano al verlo tirado sin vida debajo del bus y al otro lado a su prima golpeada, empezó a tirarle piedras al conductor y a golpearse la cabeza, en señal de frustración.
Un testigo relató que al observar que el niño y su prima iban a cruzar, empezó a gritarle al conductor "aguanta, aguanta", pero como llevaba el radio a todo volumen no lo escuchó.
Varias personas coinciden en señalar que no es la primera vez que el conductor del bus haya estado involucrado en situación similar, ya que este mismo año protagonizó un accidente en Cáceres de Arraiján, donde un taxista perdió la vida.
Para Griselda, la muerte de su hijo es una negligencia del conductor, que debe ser castigada, porque no puede ser que una persona que ya ha tenido un caso donde hubo un muerto, continúa manejando sin importar las consecuencias, tan caras como la vida de su adorado Cristian.
Algunas residentes manifestaron que ocho días de arresto, sanción que se estipula en la ley para las personas que provocan la muerte a otra en un accidente, no es suficiente para el dolor que experimentan sus familiares.
Víctima de la negligencia
Cristian Jones, de cuatro años, murió por el manejo desordenado de un conductor de un autobús, quien anteriormente había protagonizado un accidente donde falleció un taxista.