Puerta grande para Padilla en la tercera corrida de la Feria venezolana de la Chinita


El matador de toros español Juan José Padilla cortó tres orejas y salió a hombros por la puerta grande en la tercera corrida de la Feria de la Chinita, celebrada hoy en la ciudad petrolera de Maracaibo, en el oeste venezolano.


Los diestros venezolanos Rafael Rodríguez, rejoneador, César Vanegas y Eduardo Valenzuela se fueron de vacío.


Se corrieron siete toros nacionales, uno del Trebol para rejones, manso, y los restantes de los Arangues, aceptables de presentación y desrrazados, salvo el quinto, que se dejó torear.


Pesaron 425, 425, 439, 438, 468, 468 y 490 kilos.


La corrida comenzó a las 20.30 hora local (01.00 GMT del martes) y terminó a las 23.15 (03.45 GMT).


 

Rodríguez: silencio.


Padilla: oreja y dos orejas.


Vanegas: silencio y palmas.

 

Valenzuela: vuelta por su cuenta y silencio.



Abrió plaza el rejoneador con un toro probón al que adornó con rejoncillos de castigo y banderillas. No pudo matarlo desde el caballo y lo finiquitó el sobresaliente.

 

El primero de lidia tumbó al caballo y el varilarguero se quedó sin picar. Padilla realizó valientes faenas de muleta, recibiendo dos revolcones cuando toreaba al natural. Se adornó para la galería, mató de estocada desprendida, oreja.


Al cuarto lo recibió el jerezano con larga de rodilla, un manojo de verónicas. Clavó dos palos de poder a poder y el del violín cerró la suerte, con muletazo de rodillas en las tablas inició mandona faena de muletas por ambos pitones, al compás del pasodoble. Mató de estocada arriba, dos orejas.


Vanegas estuvo variado con la capa y tomó las banderillas para clavar dos medios pares con apuros. Faena de rodillas en el centro de la arena sin conseguir el lucimiento. Con la toledana lo despachó de espadazo; el segundo, complicado, comenzó con tandas de mérito antes que separara y buscara el refugio de las tablas, donde lo despachó.


Valenzuela lanceó con quietud a su primero, se derribó a la cabalgadura sin consecuencia para el picador, faena sin ligazón finiquitada con certera estocada.


El que cerró plaza, el de más romana del encierro, sacó a banderillear a sus alternantes y clavaron los seis garapuyos en todo lo alto. Insistió, pero el toro se vino abajo y lo liquidó de estocada, poniendo fin a la corrida.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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