Sociedad

Bocas del Toro, una alhaja natural llena de carencias

A pesar de las cuantiosas inversiones que han hecho el Estado y la empresa privada, Bocas presenta en algunos sitios un panorama sombrío. Las autoridades provinciales afirman que Bocas es un paraíso descubierto por los inversionistas extranjeros que le ven mucho potencial turístico.


Leonardo Machuca (provincias.pa@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Bocas del Toro vive una realidad entre dos extremos: una creciente actividad turística y las carencias propias de una región apartada que sufre aguda pobreza y graves problemas con las estructuras públicas.

El año pasado, Bocas del Toro recibió a 63,454 turistas, lo que representó un aumento del 5.10% en este renglón, con relación al año anterior.

En la provincia existen 66,552 habitaciones disponibles para alojar a visitantes, y el nivel de ocupación durante el año pasado fue de 46.20%, según cifras de la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP).

Si bien Bocas del Toro no es la provincia que más crecimiento turístico ha registrado, sí es uno de los lugares más demandados por los turistas.

La provincia que más actividad turística tiene es Coclé, con 909,238 habitaciones disponibles y una ocupación de 61.30%; seguida por Chiriquí, con 493,300 alojamientos disponibles y un nivel de ocupación de 32.80%.

No todo es miel

A pesar de que las paradisiacas playas e islas de Bocas del Toro son visitadas por miles de turistas provenientes de diferentes partes del mundo, los visitantes tienen que lidiar con problemas como la abundancia de basura, la falta de agua potable, el mal estado de las calles y otras estructuras públicas, la insalubridad y la extrema pobreza.

Uno de los principales puntos de entrada para los turistas que visitan Bocas es Almirante. Por allí ingresaron el año pasado 3,954 personas; mientras que por Guabito entraron 52,652; por la isla Colón, 2,770, y 66 por Changuinola.

Sin embargo, el panorama que recibe a los visitantes en Almirante es deprimente. Esta localidad es una de las más antiguas de la provincia bocatoreña, una tacita de oro entre las décadas de 1960 y 1980, cuando los trabajadores de los muelles cobraban hasta 1,000 dólares por semana.

Pero actualmente presenta un contraste drástico. Desde la entrada a la comunidad, llama la atención la cantidad de basura tirada en cada esquina, custodiada por docenas de gallinazos que se apartan con la llegada de los perros. Y ni hablar del mal olor que expide la basura, las ratas y los herbazales que existen.

Los habitantes aseguran que en ocasiones pasan hasta tres semanas para que llegue el camión del Municipio a recoger la basura.

La pila de basura está en la entrada de una pequeña calle que lleva hasta los muelles de los taxis acuáticos que transportan a los turistas en un viaje de media hora hasta la isla Colón.

Ya en el muelle, los turistas toman fotos y videos de la cantidad de basura que flota en el agua turbia, la cual en muchas ocasiones se torna negra por la gran contaminación.

Una vez en las lanchas, los visitantes observan a cientos de personas, principalmente indígenas, quienes viven en ranchos improvisados y construidos con pedazos de madera, zinc, plástico y cartones.

Otro aspecto que llama la atención de los turistas es ver a niños y adultos pescando en las aguas contaminadas y a otros llevando agua “potable” en galones a bordo de pequeños botes.

Igualmente se puede ver a niños desnudos salir de pequeños ranchos situados al final de los deteriorados muelles, los cuales son usados como letrinas. Las heces humanas van directo al mar, en donde ellos mismos pescan y se bañan.

En la isla Colón, la situación de la basura, la falta de agua potable y el mal estado de las estructuras públicas son algo cotidiano para los turistas.

Urge una solución

El presidente de la Cámara de Comercio de Bocas del Toro, Venancio Caballero, advierte que hay temas de profundidad que se deben resolver pronto para que no sigan afectando la creciente actividad turística.

Citó como ejemplo la descontaminación de la bahía de Almirante, la construcción -en la provincia- de un gran muelle para atraer los cruceros, la edificación de hoteles, restaurantes, la reparación de calles y el adiestramiento del recurso humano bocatoreño.

Sostuvo que no solo se trata de mejorar las instalaciones en Almirante, también hay que hacerlo en Changuinola y Chiriquí Grande.

Indicó que en la medida en que las instalaciones de la isla se queden pequeñas, los turistas se alojarán en Almirante, Changuinola y Chiriquí Grande para salir desde allí a recorrer las bellezas de la provincia.

Mientras, el obispo de Bocas del Toro, Aníbal Saldaña, afirmó que la provincia es una “mina” descubierta por los extranjeros que vienen a invertir y es claro que no invertirían si no vieran algo bueno. Lo que falta, agregó, es que el bocatoreño y sus autoridades crean en ellos.

“Muchas veces el lugareño pierde el norte y no se da cuenta de la gran belleza natural que hay para ofrecer y pierde muchas oportunidades, mientras que el extranjero sí aprovecha esa oportunidad”, enfatizó.

Señaló que como miembro del Comité Pro Rescate de la Provincia, admite que el exceso de basura en las calles representa un gran problema.


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901441
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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