Opinión
- Danilo Toro
- Acaparamiento
Entre los muchos estragos que acarrea la violencia está el acaparamiento de buena parte de los servicios médico-hospitalarios, tanto de la red primaria, como los de segundo y tercer nivel. Cuartos de urgencia, quirófanos, salas, insumos de cirugía, radiografías, laboratorios y, sobretodo, la dedicación de personal especializado (como cirujanos, anestesiólogos, ortopedas, traumatólogos, lo mismo que enfermeras, auxiliares y demás), que tiene que estar dedicado a la atención de personas víctimas de violencia, con lo cual se agrega un ingrediente de postergación o demora a la atención de los pacientes que requieren de esos mismos servicios por el padecimiento de alguna enfermedad. Esta tragedia tiene lamentables efectos en términos de costo en condiciones de salud, calidad de vida y económico. El análisis o estudio de estos costos es otro de los canales que conducen a la contundente convicción de que la inversión en prevención de la violencia exige esfuerzos y montos de dinero infinitamente más bajos que los de la atención post facto y produce resultados mucho más eficaces.
El 64% de los casos que se atienden en el cuarto de urgencias del Hospital Santo Tomás (HST) son consecuencia de la violencia, según el Ministerio de Seguridad Pública. En números, la realidad es que de 10 mil 573 consultas por lesiones personales, 6 mil 804 fueron casos violentos, llámese agresión con arma de fuego, blanca, objeto contundente o riña.
El extenso documento, que fue proporcionado a [B]Panamá América[/B], explica, además, sobre los tipos de armas más utilizados por los agresores, las partes del cuerpo que eligen para atacar a sus víctimas y los días en que se reportan más homicidios en el país.
Pero es el tema de la violencia el que ha alertado a las autoridades de salud en Panamá, porque la atención de estos casos muy particulares genera una alta demanda de insumos, lo que posteriormente podría provocar escasez para enfrentar otras situaciones en las que deba brindarse atención a más pacientes, tal es el caso de las transfusiones de sangre, cirugías, control de enfermedades cardiacas, hipertensión, diabetes, entre algunos de los padecimientos que aquejan a nuestra población.
Aunque la cifra divulgada por el ministerio de Seguridad Pública no es la que maneja el HST, el Dr. Néstor Vega, director de esa sala de urgencias, destacó que la violencia demanda una gran cantidad de recursos en ese nosocomio, no solo de personal, sino de productos sanguíneos. "No solo se necesita sangre, estamos hablando de equipos para realizar suturas especiales, objetos quirúrgicos, gasas, etcétera".
La fuente dijo que en esa sección hospitalaria se atienden alrededor de 200 pacientes por día, pero que no contabilizan los motivos por los que llega cada persona. "Recuerde que nosotros como médicos debemos atender a todos los pacientes por igual, sea delincuente o policía, no importa si se trata de un ciudadano atropellado, un herido por arma de fuego o blanca, es nuestro deber atender a quien sea sin preguntar a qué se dedica", aclaró.
Carlos Montero, coordinador de los bancos de sangre del país, fue más enfático. El galeno señaló que estos hechos violentos, en un momento determinado, pueden afectar directamente el suministro de sangre para otros enfermos. “Un paciente de estos puede llevarse todas las unidades de que disponen los depósitos de sangre de un solo hospital. Eso sucede sobre todo en lugares de gran concentración poblacional, como el HST y el Complejo Hospitalario de la CSS, pero también está afectando a otros sanatorios, como el de la 24 de Diciembre”, alegó. Agregó Montero que en las salas de operaciones de esos hospitales tienen que practicarse cirugías de urgencia, y eso, argumentó, altera el funcionamiento programado de los mismos. “Todo lo que es insumo quirúrgico también va a ser consumido o agotado por los hospitalizados debido a hechos de violencia”.
El informante contó que durante una hospitalización de urgencia hay que tomar en cuenta las horas requeridas para la operación, salas disponibles, turnos de los cirujanos, de los anestesiólogos y la aplicación de medicamentos, sobre todo los antibióticos, que resultan más costosos.
Violencia absoluta
Solo en el movido cuarto de urgencias del Hospital Santo Tomás se atendieron 6 mil 804 incidentes generados por actos violentos en 2012. Esa cifra representa el 64.35% de las 10 mil 573 personas que acudieron por ayuda hospitalaria a ese centro médico popular ese año. El resto, 34.37%, fue por algún otro tipo de accidente, se lee en el informe del Ministerio de Seguridad Pública.
La mayoría de las consultas para atención de casos en los que los pacientes se vieron involucrados en actos de violencia, dice el tomo, corresponden a eventos de intención no determinada, es decir que no se contabilizó el móvil de la agresión ni el tipo de ataque, sea por arma de fuego, arma blanca, objeto contundente o riña.
Por otra parte, la mayor cantidad de hechos de violencia suscitados el año pasado, aclara el boletín, ocurrieron en mayo, marzo, septiembre y agosto. Esto contrasta con lo que generalmente aluden algunas autoridades, de que es en la época de Carnaval, Semana Santa y fin de año cuando se disparan estos actos. “Recuerda que ahora, por la situación que estamos viviendo en Panamá, los hechos delictivos suceden cualquier día de la semana y se agudizan los fines de semana”, alegó Montero.
A pesar de que la violencia ya no sale a hacer de las suyas solamente los fines de semana y en fechas de asueto, las cifras de crímenes cometidos en la provincia de Panamá han disminuido en los últimos años.
El [B]dossier[/B]del Ministerio de Seguridad muestra que en 2012 se reportaron 94 muertes menos que el año anterior. Para ser más precisos, en 2010 y 2011 la cifra de hechos de sangre fue de 759. El pico más alto se reportó en 2009 con 818 asesinatos.
En este mismo sentido, el librillo explica que varios corregimientos de Panamá y San Miguelito fueron los más violentos de 2012. La mayoría de las muertes allí cometidas han sido por ajustes de cuentas entre pandilleros y jóvenes que se salen del sistema educativo.
Para poder enfrentar de manera preventiva este flagelo que carcome la sociedad, la Policía Nacional (PN) ha implementado una serie de programas para rescatar a los niños y adolescentes de los barrios más vulnerables. Ese es el caso de El Chorrillo, donde, según la PN, han disminuido los incidentes, sobre todo los heridos o impactados con arma de fuego.
“Los sábados estamos realizando una liga de fútbol en la cancha sintética. Estamos coordinando con los empresarios del Casco Antiguo para que les enseñen a las jovencitas de 18 años de El Chorrillo y San Felipe sobre tolerancia, inteligencia emocional, para que se superen y se adhieran a la fuerza laboral”, sostuvo el subcomisionado Franklin González, jefe de la zona policial de El Chorrillo y San Felipe.