El informe regional de Desarrollo Humano del PNUD sobre Seguridad Ciudadana con Rostro Humano detalla que el efecto de las drogas en la seguridad ciudadana impacta en tres direcciones: primero, la violencia y el crimen relacionados directamente con el consumo; segundo, aquella asociada al cultivo, la producción y la venta de droga y, finalmente, la violencia vinculada a los efectos no esperados de las medidas represivas del Estado.
En el caso de Centroamérica, se encuentra una correlación entre las zonas claves para el tráfico y las altas tasas de homicidio, especialmente en Guatemala y Honduras.
En Colombia, algunas estimaciones indican que la actividad desde producción de drogas cobran entre 4,600 y 7,000 vidas cada año, lo que equivaldría en su estimación más alta al 40% de los 17,700 homicidios que se registraron en 2010.
En México, el Gobierno federal estimó que entre diciembre de 2006 y enero de 2012 murieron alrededor de 60,000 personas, como resultado de ejecuciones, enfrentamientos entre bandas rivales y agresiones a la autoridad por parte de las organizaciones criminales vinculadas al narcotráfico.
Un reciente metaanálisis, que incluye más de 30 estudios a nivel mundial, concluye que la probabilidad de cometer un delito es entre 2.8 y 3.8 veces mayor entre quienes han usado drogas; las probabilidades de reincidencia son 6 veces mayores en el caso del crack, 3 en el caso de la heroína y 2.5 veces en el caso de la cocaína.
Además, la correlación entre la ocurrencia de delitos y las drogas está asociada a momentos de una adicción intensa.