Las cifras
5,318- de los condenados son hombres.
- son mujeres en los centros femeninos.
Individuos que para muchos no despertaban sospechas, con una apariencia que denotaba todo lo contrario a ser un homicida, se encuentran recluidos en cárceles panameñas, y, aunque sin ser clasificados, son considerados reclusos de alta peligrosidad.
Se estima que entre un 10% y 15% (1,500 a 2,200) de la población penitenciaria en el país (15,023 reos) son individuos peligrosos o de alto perfil.

Muchos están cumpliendo condenas por homicidios, algunos guardan relación con el sicariato, otros por trasiego de drogas como su modo de vida, y otros pocos impulsados por la maldad y la venganza.
Una mezcla de todo
En el actual sistema penitenciario, todos los reclusos conviven, independientemente de los delitos cometidos. Al ingresar, solo escogen el pabellón donde no tengan enemigos.
El exdirector del Sistema Penitenciario, Luis Gordón, sostuvo que esto es producto de que no se cuenta con un sistema adecuado de clasificación, porque, en primer lugar, no se tiene una junta interdisciplinaria que debe realizarle las evaluaciones pertinentes a estos reclusos.
En segundo lugar, tampoco se tienen infraestructuras para que se pueda realizar, después de la evaluación, una separación por categoría.
Como eso no existe, el individuo que es de alta peligrosidad y el que es un delincuente ocasional quedan en el mismo sector, porque se agrupan por razones de seguridad.
Eso es precisamente lo que fortalece el vínculo de las bandas, y prueba de ello es que siguen operando desde las cárceles, donde el sistema de bloqueo no funciona, logrando manejar el crimen desde los penales, afirmó Gordón.
Trajo a colación que para 2007-2008, bajo su administración, se intentó hacer un pequeño esfuerzo en esta materia, haciendo que Tinajitas fuera para condenados administrativos, El Renace para reos que estaban próximos a salir en libertad condicional y que La Joya y La Joyita fueran para los procesados, pero la iniciativa no prosperó porque no se tenía personal e infraestructura.
En aquel entonces, el presupuesto era de 17 a 20 millones de dólares por año y la mayor parte se invertía en la alimentación de los reclusos y el pago de la planilla del personal; poco quedaba para nombramientos de personal y de custodio, y lo que se lograba era por solicitud de una partida extraordinaria.
Evaluación
¿Qué hace a un sujeto ser considerado peligroso?
Son siete los parámetros utilizados por especialistas forenses para determinar el grado de peligrosidad en un individuo.
Alejandro Pérez, psiquiatra forense, reveló que se utiliza el índice de peligrosidad para determinar cuántas veces se va a seguir metiendo en problemas el sujeto.
El primer parámetro es ver si la persona tiene un trastorno mental; el segundo, si presenta un trastorno de personalidad, sobre todo disocial o de control de los impulsos.
El tercer aspecto a evaluar, prosigue Pérez, es el inicio de la actividad delictiva, porque si empieza desde los 12 años de edad es más peligroso que uno que cometa algún tipo de delito a los 60 años.
En cuarto lugar se observa la premeditación, saña o alevosía con la que comete el delito, la manera en cómo escoge a la víctima, la forma de intimidación y de esquivar la responsabilidad penal.
El tipo de conducta, si se porta mal dentro de prisión, tiene problema con todo el mundo, así como el ambiente social son el quinto y sexto punto a medir.
Este último factor en mención tiene un grado de incidencia en la peligrosidad de la persona. Finalmente, la evaluación de expertos forenses hace la sumatoria para el análisis del perfil sicológico de este tipo de individuo.
Si los resultados van de 0 a 7, su nivel de peligrosidad es bajo; de 8 a 10, es medio y de 10 a 14 es alto.
La clasificación que se utiliza es para decirle a las autoridades que este tipo seguirá metido en problemas.
Pérez trajo a su memoria el caso de John Calvo, un sujeto de nacionalidad tica, striper, que mató a una señora, hace como 15 años.
Calvo cumplía todos los parámetros y al final el tiempo dio la razón, después de ser condenado a 20 años se fugó de la cárcel y se desapareció.
Tenía un coeficiente intelectual alto, lo que hace de sujetos con esa características más peligrosos todavía.
Por lo general, estos individuos aprenden de los errores, por eso es importante la administración de justicia y aclarar todos estos casos.
El psiquiatra forense señaló que uno de los problemas de Panamá es que el Código Penal dice que la pena debe ser resocializadora y rehabilitadora, pero no se tiene personal ni el equipo de salud mental que atienda a ese tipo de gente, por lo que al final llegan a la cárcel y aprenden nuevas mañas.
Un tiempo presas, las colombianas Melany Narváez y Blanca Maldonado, sentenciadas por el homicidio de Juan Carlos Dudley, exvicepresidente del Colegio Nacional de Abogados, formaron parte de la larga lista de reos de alto perfil.
Otros dos, y que actualmente están tras las rejas, son: Dathan Holbert, alias “Wild Bill”, sentenciado por cinco homicidios en Bocas del Toro durante el año 2010, y Gilberto Venturas, sindicado por los secuestros y asesinatos de cinco jóvenes en La Chorrera, entre octubre de 2010 y septiembre de 2011.
Casos históricos
Carlos Manuel Fuentes, descuartizador de Villa Lucre (1995), salió por efectos de reducción de pena, por el cumplimiento de dos terceras partes.
Otro fue el de Marcos Manjarrez Davis, asesino confeso del sacerdote Jorge Altafulla.
Estos hechos históricos hacen que dichos sujetos sean considerados como peligrosos.
Recientemente, se dio el caso de José Tesis, condenado a principios de 2013 a 50 años por homicidio y dos tentativas de muerte, hecho que recordó el fiscal tercero superior, Sofanor Espinosa.
Todo caso en que haya incidencia de pandilleros, se trata de sujetos de alta peligrosidad, y muchos salen en libertad porque un jurado de conciencia tiene temor a condenarlos.
Generalmente, los sujetos bajo el amparo de una pandilla demuestran peligrosidad, dijo Espinosa.
Si se toma en cuenta la osadía con la que cometen el delito o por la forma en que dejan a las personas tiradas. La ley no existe para estas personas.
“Se puede decir que toda persona que comete un homicidio tiene un grado de peligrosidad”, destacó el fiscal.
Tomando en cuenta cómo se han dado algunas sentencias en el país, muchos de esos casos no llegan a ser condenados, ya sea por las limitaciones que tiene el sistema para investigar, la falta de cooperación de las personas, como testigos para que coadyuven con las autoridades.
También, por la negación de los magistrados a llamar a juicio por falta de pruebas, así como por la renuencia de estos a que un tribunal en derecho pueda decidir sobre el destino de estas personas.