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La noche del 13 de marzo de 2012, el sector de Burunga, en el distrito de Arraiján, se convirtió en escenario de una tragedia familiar.
Caía el filo de la medianoche cuando cuatro personas entraron en una de las viviendas del sector buscando a un hombre llamado “Maycol”. Antes de retirarse, y al no haber encontrado a quien sería su víctima, decidieron acabar con la vida de dos de los familiares de aquella, quienes compartían en una noche que hasta ese momento transcurría con normalidad.
En ese mismo sector de Panamá Oeste, a mediados de 2012, una madre presenció el crimen de tres de sus hijos adolescentes, quienes habían migrado desde San Miguelito para evitar a los grupos delictivos. Sin embargo, la tragedia les alcanzó de la mano armada de encapuchados que entraron en su nueva residencia. En ambos casos, las primeras impresiones fueron “viejas rencillas” o “ajustes de cuentas”.
Crímenes como estos ilustran el otro rango de acción atribuido a las rencillas o venganzas de las pandillas, y reflejan que los efectos de este pandillerismo como fenómeno social no son exclusivos a los que forman parte de esos grupos.
Los datos recopilados en los informes del Sistema Integrado de Estadísticas Criminales (Siec) revelan que, de los crímenes investigados en los últimos dos años, los homicidios con móviles vinculados al crimen organizado -entre los que figuran los casos de drogas, ejecuciones, ajustes de cuentas, pandillerismo y tumbe de droga- se sitúan entre un 21 y 35%. Para el 30 de noviembre de 2011, el informe del Siec señala que de 352 homicidios investigados hasta esa fecha, 35% o 123 tuvieron como origen causas vinculadas al crimen organizado. Para el 15 de julio de 2012, el análisis de los homicidios situó al crimen organizado como móvil de 47 casos de 226 investigados. La situación empeoró, reconoció Ramón Valdés, quien dejó atrás la vida de venganzas para buscar una nueva oportunidad y que tras sufrir en la cárcel las consecuencias de esa vida, resume lo que está sucediendo en una frase: “A la cárcel entra el individuo y no el delito”.
Por un lado, está la inversión en estamentos de seguridad, las cuales hacen intentos por desarticular grupos a través de operativos y allanamientos.
Por otro, están los grupos de pandilleros que, de acuerdo con el Siec, alcanzan en la actualidad 201 células a nivel nacional, aumentando en su membresía y rango de acción.
El propio ministro de Seguridad, José Raúl Mulino, destacó a finales del año pasado, en una reunión con miembros de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (Apede), que en 2009 los informes de seguridad contabilizaban alrededor de 3 mil 500 pandilleros.
Mientras, por estas fechas, se estima que 7 mil 500 personas conforman esos grupos a nivel nacional.
Para René Quevedo, un ingeniero que trata con grupos en riesgo para su resocialización, el problema radica en que se está persiguiendo el humo, mas no el incendio.
Las consecuencias de la violencia por pandillas es el reflejo de la ignorancia de la sociedad, comenta.
Ante la situación en que personas inocentes resultan víctimas de las rencillas, la pastora Dalia Vivero, quien desde 2004 trabaja en El Chorrillo en la misión de ayudar a jóvenes a buscar mejores rumbos fuera de la violencia, expresa que “ya esto se salió de las manos” y que urge el trabajo en conjunto entre organizaciones e instituciones para combatir el flagelo.
Manuel Zambrano, director del Programa de Seguridad Integral (Prosi), afirmó que esta es una “guerra territorial” en la cual los pandilleros tratan de llevar el control a través del terror y el miedo.
Zambrano explicó que parte de estos ajustes de cuentas se desencadenan cada vez que hay tumbes de drogas, por los cuales tienen que pagar cuentas quien cometió la traición o sus familiares o personas cercanas.
Tanto la pastora Vivero como Quevedo coinciden en que hay esperanza en la gente buena para luchar contra la delincuencia; sin embargo, el director del Prosi reconoce que esta es una “situación muy compleja” que es gestada entre la infancia de los barrios más calientes del país. Mientras el Prosi intenta prevenir, atendiendo a niños y jóvenes, los grupos delincuenciales reclutan a pequeños desertores del sistema escolar.
