El enviado especial de la ONU para Somalia, Ahmedou Ould-Abdallah, aseguró hoy que el conflicto interno del país se encuentra en un "momento decisivo" después de que el Gobierno resistiera la ofensiva militar de los islamistas radicales.
Ould-Abdallah señaló, en una intervención ante el Consejo de Seguridad de la ONU, que las autoridades somalís siguen necesitando del apoyo político y material de la comunidad internacional para repeler a los grupos armados que no desean incorporarse al proceso de pacificación del país tras dos décadas de conflicto interno.
"Nos encontramos en un momento decisivo. La población y los líderes tradicionales han evidenciado su rechazo a la violencia y a quienes la causan", dijo el diplomático mauritano.
Aseguró que llegó el momento de que la misión de Naciones Unidas en Somalia traslade de Nairobi a Mogidiscio sus oficinas e instó a la creación de una "zona verde" para agencias extranjeras como la creada en Bagdad tras la invasión de 2003.
"Solamente se puede abordar la grave situación humanitaria y trabajar de manera efectiva a favor de la paz si se está cerca de las víctimas de la hambruna, la violencia y otros abusos", valoró.
Ould-Abdallah reconoció que la seguridad en Somalia sigue siendo frágil a causa de la acción de las milicias islámicas, que en mayo pasado lanzaron una fuerte ofensiva contra las fuerzas del Gobierno Federal de Transición (GFT).
"Pese a sus limitaciones, el Gobierno ha resistido y repelido los múltiples intentos de derrocarlo y de tomar el poder ilegalmente por la fuerza", afirmó.
El ministro de Exteriores somalí, Mohamed Abdullahi Omar, coincidió con la valoración del enviado especial de la ONU y aseguró que la ofensiva "se ha quedado sin gasolina".
El fracaso militar obligó a las fuerzas opositoras a cambiar de táctica, por lo que se espera que lleven a cabo atentados suicidas y tomen a organizaciones internacionales como la ONU como objetivos de sus acciones, aseguró en su intervención ante el Consejo de Seguridad.
Omar advirtió de que "hay intereses externos" empeñados en mantener abierto el conflicto somalí porque les representa una fuente de ingresos y de poder.
"Se puede alcanzar la paz si logramos vencer los esfuerzos de estos intereses externos", resaltó.
Las milicias islamistas radicales de Al Shabab, que EE.UU. vincula con Al Qaeda, y sus aliados recibieron en esta ofensiva el apoyo de numerosos combatientes extranjeros, según el Gobierno Federal de Transición y Naciones Unidas.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, pidió el pasado 23 de julio a la comunidad internacional que se proporcione ayuda militar urgente al Gobierno de Transición para evitar su derrota a manos de la oposición armada, que "no se puede permitir que tenga éxito".
Al Shabab y el grupo aliado Hisbul Islam, liderado por Sheikh Hassan Aweys, uno de los dirigentes integristas islámicos somalís más radicales, controlan varios distritos de Mogadiscio y una coalición militar encabezada por Al Shabab ocupa la ciudad portuaria de Kismayo, en el sur del país.
Somalia vive inmersa en el caos y sin que un Gobierno central haya logrado imponer su autoridad desde 1991, cuando fue derrocado el dictador Mohamed Siad Barré y los clanes tribales dividieron el territorio en feudos privados que controlan por medio de milicias paramilitares.