Transportistas**Resulta extremadamente difícil para la ciudadanía simpatizar con los transportistas y su reclamo por un aumento en las tarifas que les permita enfrentar el incremento en el precio del combustible. A la vista están buses destartalados, no aptos para circular; o buses decorados con cientos, sino miles de dólares en accesorios que van desde equipos de música hasta tronaderas y decoraciones, en ocasiones hasta obscenas.
Ciudadanía**Existe también antipatía habida cuenta del maltrato e irrespeto diario de los pasajeros y de la agresividad de los conductores, entre otros. Todo lo anterior no es nuevo; ha prevalecido desde la época de los afamados Cutsas, ha trascendido gobiernos y sobrevivido varios regímenes legales. A pesar de las constantes quejas y de las buenas intenciones, poco es lo que mejora.
Gobierno**La integración de una Comisión de Alto Nivel, para considerar propuestas que alivien los supuestos pesares económicos de los transportistas, es positiva por cuanto creará un foro en el cual todo lo anterior deberá nuevamente salir a flote. Esperamos que en esta ocasión, el Gobierno acuerde más que paliativos y fije un camino a seguir que ofrezca la esperanza de una mejoría en la crisis que prevalece.