TRIFULCA ** Ayer, a prima noche, gobierno e integrantes del Frente de Acción Magisterial (FAM) se aprestaban a tratar una vez más el tema de la reactivación del diálogo para el ajuste salarial de los educadores. Contraviniendo la estrategia fundamental de negociación que recomienda convertir a tu adversario en colaborador, ambos grupos terminaron en camorra, ofendiéndose y acusándose mutuamente de corruptelas y dobles agendas. Al final, no se pudo conversar y fracasó el intento de dilucidar lo que le conviene a nuestra educación. Triste situación para un pueblo que no aclara sus rumbos.
MÁSCARAS ** No es difícil distinguir en algunos dirigentes magisteriales la doble intención, los aviesos intereses. Lo de la huelga indefinida de docentes en el fondo para ellos, poco tiene que ver con asuntos gremiales, y más con fastidiar al gobierno ante el referéndum de octubre venidero, sin reparar en el daño que se le hace al estudiantado. Esos señores se olvidan de su misión iluminadora, y hacen todo lo contrario: traen sombras y caos. Ahora bien, no es conveniente que, por desenmascararlos, los funcionarios tengan que echar mano de la táctica del grito.
PROYECTO ** El gobierno falla al darle a estos grupos escenarios para que se luzcan. Lo correcto es empezar de una vez por todas el diálogo en pos de la reforma educativa que necesita el país, convocando para ello a las fuerzas vivas. Esto sería en verdad radical, siendo la raíz del problema el desface que hoy se vive en materia educativa, y la pésima calidad de la misma. No hay que ignorar el daño que provocaría la huelga; sin embargo, peor será lo que le ocurrirá a la nación si no se reforma con urgencia el sistema actual.