TURISMO**Es cierto que la repentina interrupción de la promoción turística que desde hace años viene haciendo el Estado panameño en el exterior, con tan buenos resultados, significará un preocupante retroceso. Pero así y todo, sería menor el daño sino fuera porque se combina con señales de un creciente deterioro de la seguridad en las calles, lo cual haría vana cualquier campaña, porque un solo sonoro asalto acabaría con todo lo avanzado.
INSEGURIDAD**¿Para qué traer turistas a la boca del lobo? Cuando regresen contando su historia a su país, no vendrá nadie. Nada aterra más a los visitantes que la inseguridad. Pregúntenselo a Jamaica, que ha perdido el nicho que tan laboriosamente se había labrado en décadas. El asalto de un turista colombiano el miércoles, al final del Corredor Sur, en las cercanías de Paitilla, por dos desalmados que interceptaron su automóvil, es más que un crimen.
POLICÍA**Es quitar el pan a miles de familias panameñas que dependen de la industria sin chimeneas. Y en eso, el jefe de la Policía, Carlos Barés, tiene buena parte de la culpa, por no saber administrar los recursos bajo su mando. Si no era su especialidad, en lugar de improvisar, debió hacerse asesorar por expertos que le idearan una estrategia, tal cual hizo con tanto éxito, en menos de dos años, el presidente Maduro en Honduras.