El acuerdo de hoy en la cumbre de Copenhague contra el cambio climático se produjo tras largas negociaciones y dista mucho de las aspiraciones iniciales de los países, pero para que se lograra tuvo que intervenir la casualidad en forma de una imprevista reunión a cinco bandas.
La coincidencia jugó un papel nada desdeñable en el encuentro en el que se destrabó el punto muerto, celebrado entre los líderes de EE.UU., China, India, Brasil y Sudáfrica, cuando ya varios mandatarios habían partido de Copenhague convencidos de que no habría pacto, según narró hoy un alto funcionario estadounidense bajo la condición del anonimato.
La cita se celebró de forma circunstancial, pues los mandatarios de países emergentes parecían no tener intención de mantener esa última entrevista con el estadounidense Barack Obama, según la fuente, pero el descubrimiento por la delegación de éste de una reunión no programada entre los otros cuatro supuestamente cambió esos planes.
El informante, que acompañó a Obama en las intensas negociaciones mantenidas durante quince horas en la cumbre, indicó que, tras participar en la sesión plenaria, el líder estadounidense tenía claro que, para lograr un consenso, debía tratar con el jefe de la delegación china, el primer ministro Wen Jiabao, con quien se había visto ya en la mañana.
Pero también quería verse con los representantes de Brasil, Sudáfrica e India (los presidentes Luiz Inácio Lula da Silva y Jacob Zuma y el primer ministro Manmohan Singh), que durante la cumbre han hablado con la misma voz que China.
La delegación estadounidense fue informada en torno a las 16.00 hora local (15.00 GMT) de que Singh se encontraba ya en el aeropuerto de Copenhague. Lula da Silva expresó que si el primer ministro indio no estaba, él no participaría. Informado de esta circunstancia, Zuma también se excusó.
Según la versión del alto funcionario, Pekín sí accedió a un segundo encuentro de carácter bilateral, inicialmente a partir de las 18.15 locales (17.15 GMT) pero que se pospuso 45 minutos.
Obama optó entonces por asistir a una reunión multilateral de una veintena de países participantes en la cumbre.
Cuando se aproximaban la hora de la reunión "la habitación donde se iba a celebrar la bilateral con China, nos damos cuenta de que está ocupada por lo que parece ser la delegación china y no podemos entrar a echar un vistazo".
A un grupo de altos funcionarios de EE.UU. eso "nos llamó la atención", explicó la fuente, que indicó que no tardaron en darse cuenta del motivo por el que no podían entrar: "En esa habitación estaban Wen, Lula, Singh y Zuma. Estaban todos reunidos".
La delegación estadounidense, explicó, pensaba que varios de estos cuatro estaban ya "en el aeropuerto o de camino hacia allí".
Aunque el alto funcionario no quiso ahondar en por qué esos cuatro países se habían reunido de esta manera, sí opinó que "se puede decir que no tenían intención de que la reunión (con Obama) fuera de los cuatro. Tenían la intención de que fuera sólo uno", Wen Jiabao.
En esos momentos, Obama concluía entonces su participación en la multilateral y, de camino a lo que creía una reunión sólo con el primer ministro chino, sus asesores le indicaron que en esa habitación se encontraban los cuatro líderes.
"Qué bien", se limitó a comentar el presidente estadounidense, siempre según la fuente. "El punto de vista del presidente era: 'Quería verlos a todos ellos, ahora tengo la oportunidad'", relató,
"Nosotros no irrumpimos en ninguna reunión que creíamos secreta. Acudimos a nuestra cita bilateral a las 19.00", subrayó la fuente en todo momento.
Cuando entró en la habitación, Obama encontró que no había sillas dispuestas para él y comentó: "No, no se preocupen. Voy a sentarme con mi amigo Lula". Tomó una silla y se sentó junto al presidente brasileño.
Para entonces, según el alto funcionario, Estados Unidos y los países europeos habían conseguido avances en conversaciones con otros países en desarrollo acerca de cuestiones como la transparencia en el control de las emisiones contaminantes.
Una hora y media más tarde de esa reunión, EE.UU. anunciaba el logro de un acuerdo. De mínimos y sin carácter vinculante, decepcionante para muchos, pero acuerdo al fin y al cabo. Algo que Obama no tenía seguro cuando aterrizó en Copenhague.