Un castillo estilo francés consagrado a la cerveza en pleno puerto de Manaos


En medio de barcos cargueros, casas alzadas para asumir la crecida del río e incluso algunos rascacielos modernos, destaca en el puerto de Manaos un castillo de estilo francés de principios del siglo XX que, a pesar de su apariencia señorial, está consagrado a la fabricación de cerveza.


Aunque el mayor atractivo de la ciudad brasileña es su emplazamiento en el nacimiento del río Amazonas, con su rica fauna y su frondosa flora, en Manaos destaca también la mezcla de la arquitectura humilde con impresionantes edificios coloniales.


Aunque no tiene el prestigio del Teatro de la Ópera o el estado de conservación del Palacio del Río Negro, el que sí es quizá el más curioso es el conocido como Castelinho.

 

Es, en realidad, una antigua fábrica de cervezas -la primera factoría construida en el norte de Brasil- perteneciente por aquel entonces a la familia Miranda Correa, una de las más ricas de su época, provenientes del Estado vecino de Pará.


Con la piedra fundacional colocada el 20 de febrero de 1910, se fue levantando poco a poco, y con estructura semimetálica, la verticalidad de este edificio tan imponente como decadente, que se sube al peculiar "skyline" de la ciudad gracias a un inmenso zócalo de ladrillo y cuyas vistas llegan a vislumbrar la unión del río Negro y el Solimoes, que juntos crean el Amazonas.


"El edificio se incluye entre los monumentos de la ciudad, a pesar de que ha sido siempre de propiedad privada, y ahora mismo se está preparando la seguridad en el interior para adaptarlo a las visitas turísticas", explicó a Efe la asesora de comunicación de FEMSA, Monia Lucena, aunque afirmó que no se están realizando, por el momento, labores de restauración.

 

La familia de los Miranda Correa, capitaneada por Luiz Maximino, trajo el proyecto ya realizado desde Francia y tardaron dos años en finalizar las obras, pero "fueron unos pioneros en muchos aspectos.


Por ejemplo, fueron los primeros en hacer un carnaval en Manaos -idea que importaron de Niza- con las carrozas alegóricas", según Lucena, y en el que participaba, en un principio, sólo la gente relacionada con la fábrica.


Además de su proyecto excéntrico de producir cerveza en un entorno palaciego, con salones inmensos y bares construidos imitando la apariencia de farmacias, los Miranda Correa atrajeron con él a las personalidades más importantes de Brasil de principios de siglo, siendo la fábrica visitada por primera vez en 1926 por el presidente de la República de Brasil, Washington Luis.

 

Todavía hoy impresiona, a pesar de su mal estado, la fachada color vainilla y los ventanales, remarcados con un marco de color burdeos.


Por esa belleza arquitectónica, la cervecería convirtió el barrio de Aparecida en un nuevo centro neurálgico de la ciudad, que todavía la mantiene como su gran símbolo.


La fábrica supuso, además, la construcción de una calle con pequeñas casas para los empleados de la fábrica, algunas de ellas de calidad muy superior a las construcciones de Manaos en la época y con detalles caprichosos de toque parisino.

 

Con sus enormes calderas de cobre todavía bien conservadas y una enorme chimenea, el edificio está respaldado por una imposible ampliación realizada en 1973 en riguroso estilo industrial, pero ese mismo año, la cervecería instauraría otro hito de su popularidad: una fuente que mana el agua tratada para la fabricación de cerveza.


Actualmente, con su horario completo de lunes a viernes y reducido los sábados, los vecinos del barrio rellenan allí sus garrafas.


La empresa, para producir los 40.000 hectolitros de cerveza mensuales para marcas como Kaiser o Sol, genera un total de 2.100 empleos.


fecha edicion
old id
419073
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América