El escritor y periodista mexicano Rafael Loret de Mola, autor de una novela que nació al calor de la lidia del matador español José Tomás, considera que el toreo es "la fiesta más culta del mundo" y por eso ha escrito un relato que pretende "despertar en los neófitos una sana curiosidad" por ese arte.
Loret de Mola (Tampico, 1952) estuvo el 5 de junio de 2008 en la Monumental Plaza de Toros de Las Ventas y fue ahí donde surgió la idea de dar vida al periodista Julián Rivera en el libro "Si los toros no dieran cornadas" (Océano, 2009) para defender a través de él el "espectáculo más auténtico y vibrante de cuantos se conocen".
En declaraciones a Efe el escritor deploró que la "fiesta brava" sea "tantas veces difamada" sobre la base de "la permanente invasión cultural" anglosajona.
"Suprimir cuanto deviene de la fuerza de nuestra sangre e historia es rutina en las mentes de quienes pretenden erigirse en policías y garantes del mundo desterrado cuando no es afín a ellos", agregó.
Para Loret de Mola, torear consiste en un "combate existencial permanente" que implica una continua lucha interior.
"Los pitones de los toros son los riesgos a los que todos nos enfrentamos y el torero es quien representa el vigor y la fuerza interior para superarlos", señaló.
"La violencia que conlleva es, también, parte habitual de nuestro entorno y negarlo sería tanto como suponer que los niños que ven la televisión y juegan Nintendo no son cooptados por la barbarie cotidiana vista como normal", aseguró el autor.
Loret de Mola consideró que cada país donde se torea imprime por su particular temperamento su propio "perfil y personalidad" a la tauromaquia, lo que aporta matices distintos al modo de ejecutar la faena.
"Por ejemplo, lo que en España es hidalguía desafiante en México es relajado desdén hacia la muerte", explicó Loret, quien cree que el gran mérito de la obra que acaba de escribir es que le da una oportunidad de mostrar "la grandeza humana que entraña la tauromaquia".
El periodista, quien hace años entrevistó a "El Juli" en México cuando éste era un novillero menor de edad, es un abierto crítico del auge de los "niños toreros" que hay en México.
"Lo que me disgusta, eso sí, es la ambición de quienes medran con los talentos infantiles. Son auténticas mafias", lamentó.
Preguntado sobre qué consideración le merece José Tomás (Galapagar, 1971), el comunicador mexicano le señaló como una "figura histórica", quizás "la más grande" entre los intérpretes del toreo.
Precisamente la novela está dedicada a ese espada madrileño, "genio del toreo eterno" y, según Loret, una figura necesaria "para redimir nuestras propias, encarceladas conciencias".
"Es obligado hacer un acto de contrición contra los cursis que se rasgan las vestiduras por el sufrimiento del toro (...) y no son capaces del menor pensamiento humanista", concluyó.