La populosa Villa 31, un histórico asentamiento marginal del centro de Buenos Aires, se salvará del desalojo y la demolición de la mano de un proyecto inspirado en la iniciativa favela-barrio puesta en marcha en Río de Janeiro.
La Legislatura porteña aprobó anoche el proyecto, impulsado por la facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires, que será coordinado por una comisión en la que participarán expertos, representantes de los gobiernos nacional -propietario del terreno- y local, así como los vecinos.
El enfrentamiento entre el Gobierno de Cristina Fernández (peronista) y el conservador Mauricio Macri, alcalde de Buenos Aires, había impedido en los últimos años avanzar en una solución para las 30.000 personas hacinadas en la Villa 31, muy próxima al residencial barrio de Recoleta -uno de lo más caros de la ciudad-, en terrenos muy codiciados por la especulación inmobiliaria.
Tras años de incertidumbre para los vecinos de la villa, la ley descarta la demolición de las viviendas y el desalojo de sus ocupantes, una de las propuestas de Macri en la campaña electoral que le llevó al gobierno porteño.
El proyecto abre la puerta a la dotación de infraestructuras y saneamiento público y a la construcción de viviendas adecuadas en reemplazo de chabolas (refugios) e instalaciones en peligro de derrumbe, y permitirá al asentamiento integrarse en la ciudad.
Según estimaciones de expertos, un 70 por ciento de las viviendas de la villa son recuperables mediante acciones de mejoramiento, mientras que el 30 por ciento restante presenta riesgo de derrumbe o debe ser demolido para la creación de redes de saneamiento y espacios públicos.
Para Javier Fernández Castro, arquitecto e interventor de la Villa 31, la ley constituye "un antecedente muy importante" y ofrece una respuesta a "la larga lucha de los vecinos del barrio por reconocer la posibilidad de urbanización".
La iniciativa, explicó Fernández Castro a Efe, está inspirada en el proyecto favela-barrio que se desarrolla en Río de Janeiro para la integración de estos espacios en la ciudad, aunque ha sido adaptado a las necesidades de la Villa 31.
Pese al avance logrado, el arquitecto reconoció que, tal como ocurre en Río de Janeiro, en el mejor de los casos el proyecto puede tardar al menos cinco o seis años en cambiar la fisonomía de la villa.
También para la antropóloga Cristina Cravino, que ha analizado con detalle el origen y la evolución de las villas de Buenos Aires, se trata de "un paso importantísimo para descartar el fantasma del desalojo".
Según estimaciones oficiales, sólo en la capital argentina existen unas 28 villas, con una población superior a las 200.000 personas, en su mayoría de origen argentino, con una alta presencia también de bolivianos y paraguayos.