Una feria reúne los trabajos de personas con discapacidad en Ecuador


Collares, anillos, candelabros, canastos, tapetes y otras artesanías realizadas por un grupo de discapacitados llenan este fin de semana el Centro de Exposiciones de Quito, una feria que pretende generar ingresos y tender la mano a personas con dificultades físicas y mentales.


El acto lo organiza el municipio de Quito desde 1985 y además de dar salida a los trabajos de esas personas, ofrece información a los visitantes sobre las discapacidades y cómo afrontarlas.


Una de las participantes es Aída Yandún, que vende delicadas manualidades y bisutería con cuentas de plástico. Quien la ve moverse con soltura por la exposición duda de su ceguera.

 

Cuarenta y cinco años de vida normal, un convivir armonioso, un matrimonio llevadero y un negocio que se mantenía cayeron en la oscuridad cuando una enfermedad le arrebató la vista, pero ella dice que encontró la luz al quedar ciega.


"Yo sí veo, pero con los ojos de mi alma", afirmó Yandún, que hace 20 años perdió la visión del ojo izquierdo y posteriormente la del derecho. Nunca le reprochó a nadie por su situación y se arrimó aún más a Dios para tomar fuerzas y seguir viviendo.


"Gracias a mi padre Dios veo clarito que me entregué a mi Señor" dijo, al apuntar que superó la situación pues "iba muriendo en vida", ya que no soportaba quedar así después de haber "sido una persona sana completamente".

 

En una escuela para no videntes le enseñaron cómo afrontar su nueva realidad: vive sola, ayudada por un bastón esquiva los obstáculos de una ciudad aún ajena a las discapacidades y trata de desarrollar su vida con "normalidad", aunque una mujer le ayuda con las labores en casa.


"Uno tiene que aceptarse como es. Me puedo movilizar, puedo hablar, lo único que no tengo es la luz de mis ojos", dijo, al comentar que conoció a todos sus nietos y en su memoria los mantiene como niños, aunque una de ellas ya está a punto de ir a la universidad.


Aída dedica sus días a la elaboración de bisutería y para no confundir los colores de las cuentas, las clasifica en recipientes, a los que le agrega una moneda, un botón o cualquier otra cosa que, al tacto, le recuerde la selección.

 

Con la oscuridad que le trajo la ceguera llegó también el abandono de su esposo, tras 35 años de matrimonio, pero eso tampoco le amilanó: amplió sus horizontes artísticos, aprendió a tocar el órgano y ahora forma parte de un coro.


Yandún es parte de los alrededor de 300.000 discapacitados que existen en Ecuador, según un censo realizado por el Gobierno a través del programa "Manuela Espejo", que les brinda ayuda.


En ese grupo también está Ana, quien nació hace 25 años con síndrome de Down y debió salir del sistema escolar cansada de la discriminación.

 

Sin embargo, ahora es ella quien dicta clases de manualidades y "es súper exigente", dijo su madre, Ligia Valdivieso.


Ligia la impulsó a aprender a ensartar cuentas de plástico y ahora nada la detiene: collares, aretes, anillos, candelabros, velas, canastos, tapetes y todo tipo de adornos forman parte de su "mininegocio montado en el hogar".


Al contrario que Yandún, Valdivieso no siente el apoyo del Gobierno a las personas con capacidades especiales y cree importante que las exposiciones temporales sean permanentes, pues ya es complicada la situación en la que viven como para que sólo puedan exponer sus productos por pocos días.


Mientras Valdivieso se quejaba del egoísmo y de la poca solidaridad de la sociedad, su hija asentía con la cabeza, atenta a la conversación y terciando con comentarios positivos.


"Ella es súper amable, ayuda a los que lo necesitan. Si alguien viene con un problema, ella les ofrece su hombro y les asegura que todo pasará, que no sufran", relata Valdivieso, que tiene otra hija, sin discapacidad.


Aída y Ana son las protagonistas de dos duras historias que se repiten en diferentes puestos del Centro de Exposiciones, donde no sólo venden productos a bajo costo, sino que derrochan ejemplos de dignidad, superación, amor, solidaridad, respeto y tolerancia.


"¿Por qué voy a esconder yo a mi hija, acaso es una mala mujer?", sentenció Valdivieso, al lamentar que otros tengan a sus hijos con síndrome de Down en sus casas.


"Son unos seres humanos maravillosos", puntualizó.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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