Una película de vidas atrapadas entre muros de historia revela otra cara de Quito


Cinco albañiles comunes y corrientes, una deteriorada casa de 1671 y el centro histórico de Quito son los elementos que la ecuatoriana Gabriela Calvache conjugó en su película "Labranza oculta", para ofrecer voz a quienes rara vez son tomados en cuenta por la historia oficial, según dijo hoy a Efe.


Quito, primera ciudad declarada patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es una "urbe hermosa en arquitectura, pero inconclusa en la construcción de su historia", según Calvache, quien en su película, estrenada anoche, habla de valor, poder, discriminación, orgullo y de injusticias, entre otros, matizados por el humor y el juego.


La película tardó cinco años en ver la luz, el mismo quinquenio que le tomó restaurar la Casa del Alabado al Fondo de Salvamento (Fonsal), encargado del cuidado del patrimonio, para hacer de sus 1.800 metros cuadrados, 35 habitaciones y 6 patios un museo precolombino.

 

El film cuenta las vivencias de los albañiles, que son indígenas, durante la restauración de la vivienda, para recordar "que son esos seres anónimos los que con su sudor labran la historia", según la directora.


En la obra se revela que incluso el peldaño más alto dentro de las categoría del albañil, el maestro mayor, sigue "siendo invisible para otras personas de la sociedad" y denota "cuán divididos podemos estar en el país y el mundo entero entre los que tienen voz y no", dijo Calvache.


Lejos de presentar como víctimas de esta situación a los albañiles, Calvache narra en su película el "juego" de poder que se revela en distintas situaciones, pues aunque los albañiles no tengan voz, tienen "mucho poder", ya que son los que realmente conocen los materiales de construcción.

 

"Ese poder existe, es doloroso que no puedan hablar, participar y que su ejercicio de poder se tenga que dar desde el silencio", dijo.


Para Calvache, "más allá de la discriminación, existen cosas demasiado buenas para mostrar (sobre los albañiles), como su conocimiento, el humor y su forma positiva de ver la vida", lo que va también en la línea del Municipio de hacer de Quito un museo viviente donde las cotidianidades sean la clave de la regeneración.


En la obra un anciano, otro de los seres anónimos de Quito, da las pinceladas generales sobre la importancia de contar la historia "desde la gente", en una acalorada alocución sobre el tema en una plaza, mientras un improvisado público le interrumpe para aportar opiniones en el mismo sentido.

 

"El cine es la memoria del pueblo", comentó Calvache, quien con su película logró "poner en evidencia lo más profundo e intenso del trabajo de los albañiles", según Guido Díaz, director del Fonsal.


Migración, pobreza, destreza y superación son temas que cruzan de principio a fin la película de Calvache, quien defiende el conocimiento y habilidad de los indígenas, y por ello reprocha que la historia oficial los enfile sólo como mano de obra cuando han sido también eje del diseño mismo de la urbe.


"Labranza oculta", el documental "sobre las vidas atrapadas entre los muros de la historia", según lo describen sus productores, no sólo aporta una nueva visión a la restauración sino una forma más cálida y humana de acercarse a las edificaciones.

 

Tras asistir a la cinta, uno ve el Museo del Alabado con otros ojos, más allá de las obras precolombinas que alberga.


Al contemplar las paredes de adobe se recuerdan las pacientes manos preparando el barro, y al ver los techos, a los albañiles cortando los carrizos, tratándolos y colocándolos uno a uno.


En las salas, ahora silenciosas, uno también evoca a Segundo Caiza, el "guachiman" (del inglés "watchman", cuidador) que vivió en ellas junto con su familia y las llamaba su "penthouse".


Caiza tuvo que revelar a su hijo, de ocho años, que esa no era en verdad su casa, aún cuando estuvo en ella desde los tres.


"Me dio mucho dolor explicarle eso a mi hijo porque para él esta era su casa, creció aquí, pero esto me dio valor para avanzar y ahora quiero para mi hijo un penthouse y lo estoy construyendo", dijo a Efe en la Casa del Alabado, donde ahora trabaja en mantenimiento.


"Esta ha sido la experiencia más grandísima que he tenido", dijo, al asegurar que se dio cuenta de que no sólo edifica casas, sino que construye historia.


"Algún día alguien se preguntará sobre las manos que restauraron la Casa del Alabado, mi casa", dijo Caiza.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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