Una política energética común en el continente podría traer numerosos beneficios a América Latina, desde una mejora en su eficiencia hasta un abaratamiento de los costes, coincidió en señalar hoy un panel de expertos en la OEA.
"Crear una política energética común en el continente sería beneficioso para todos", aseguró Ramón Espinasa, Jefe de la Iniciativa de Hidrocarburos para América Latina del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Espinasa participó junto con el presidente del Foro de Energía renovable del Caribe, Jerry Butler, el responsable para América Latina de la compañía AES, Andrew Vesey, y la profesora de la Johns Hopkins University, Deborah Bleviss, en un panel organizado por la Organización de Estados Americanos (OEA).
El organismo regional organizó este encuentro para analizar la importancia de la política energética como garante para la seguridad de la región, uno de los temas que se discutirán en la Quinta Cumbre de las Américas, a celebrarse en abril de 2009 en Trinidad y Tobago.
Según recordó Espinasa, a finales de los años 60 el continente en su conjunto era autosuficiente, pero las importaciones se han multiplicado por cinco en estos años y ha pasado a ser un importador neto de energía.
De los 30 millones de barriles diarios de crudo que consume, 10 millones son importados.
El causante principal, explicó, ha sido el aumento del consumo de petróleo de Estados Unidos, que a la vez está agotando su producción, lo que ha provocado un desajuste entre lo que importa y lo que consume.
Suramérica, por su parte, es exportador neto y, de los siete millones de barriles que produce diariamente, vende al exterior dos millones.
Sin embargo, aunque las ventas aumentaron progresivamente hasta finales de los años 90, las exportaciones se han estancado en los últimos 10 años.
Espinasa destacó el "enorme potencial" que tienen los países del sur que, de los 160.000 millones de barriles del stock de reservas probadas que se conoce que hay en el subsuelo del continente americano, 105.000 corresponden a Suramérica (60 por ciento).
El experto consideró que esto supone una oportunidad para reforzar el intercambio energético entre los países del continente, con una política en la que tanto el Norte como el Sur se beneficien.
Los países del norte obtendría energía de una fuente cercana, lo que le permitiría abaratar los costes, mientras que los del sur recibirían inversión, transferencia tecnológica y conocimiento, que contribuirían a mejorar la explotación de sus propios recursos y a un aumento de sus ingresos.
Para conseguirlo, subrayó el papel de la OEA para "crear el ambiente de encuentro y confianza que los países necesitan, para desarrollar esta estrategia energética" conjunta.
Como parte de esta política de confianza, Butler apuntó, por su parte, que sería necesario un estudio de la estabilización del precio del petróleo y crear una reserva de crudo para todo el continente a precio estable, para no estar a expensas de la volatilidad del mercado internacional.
Entre las propuestas que se discutieron, Bleviss señaló que sería importante que la OEA tuviese en cuenta el transporte en América Latina porque "con un buen transporte público se ahorra en petróleo, se reducen las emisiones de CO2 y se da un servicio que demandan los ciudadanos".
Lamentó que hasta ahora hayan fracasado los intentos que se han puesto en marcha en América Latina y propuso para evitar la volatilidad de los precios del petróleo, un "impuesto umbral" para que cuando caigan esa diferencia se entregue a los Gobiernos para reinvertir en el país.
Por su parte, Vesey señaló que muchas veces aunque se habla de eficiencia energética y fuentes de energías renovables, estas son más caras que las convencionales y "los pobres no tienen por qué pagar esa diferencia".
En este sentido, consideró necesario que las inversiones públicas y privadas vayan de la mano para desarrollar la cooperación y mejorar las interconexiones y los servicios que se dan en los distintos países con el objetivo de aumentar su eficiencia.