El marañón es una fruta que conocemos muy bien, porque su árbol está en muchos de los puntos de nuestro país y porque aprendimos desde muy pequeños a disfrutar de su delicioso sabor -y el de su semilla luego de cocida-.
Algo sabíamos de que también tienen cualidades medicinales, porque nuestras abuelas se encargaron de hacérnoslo saber, pero muchos ignoramos de la gran cantidad de propiedades que tiene el noble vegetal.
Estudios recientes saben que el rojizo fruto tiene cualidades astringentes y su semilla seca y triturada es rica en proteínas y grasas.
Inclusive cruda produce el aceite tóxico conocido como cardol, que al contacto con la piel ocasiona fuerte irritación por lo que es usada para quemar verrugas y granos ocasionados por la leishmaniasis.
Ese marañón, del que disfrutamos su jugo, también puede reducir el colesterol y es rico en magnesio y minerales como potasio, calcio, hierro y fósforo.
Es justo decir que incluso es fuente de vitaminas A, B y C.
La piña, al igual que el marañón, es deliciosa, se encuentra en nuestro país y tiene cualidades medicinales que la mayoría ignora.
Es una fruta rica en ácidos, por lo que funciona como un depurador de la sangre y del sistema digestivo.
Hay quienes defienden su efectividad al curar la depresión, algunas dolencias ginecológicas, ictericia, fiebres, problemas bucales, catarros, plagas bacterias y estreñimiento, por mencionar algunos males.
Los aztecas sabían de sobra que una piña contenía en sí misma la fuente para aliviar muchos males, pero recientemente los científicos también han estudiado esta deliciosa fruta.
Concluyen en su contenido (al menos 13%) de hidratos de carbono, es digestiva, laxante y una fuente de minerales.
Coinciden en que contiene ácido málico y cítrico; y en mayor proporción contiene yodo, hierro, cobre, manganeso y es rica en vitaminas A, B1 y B2 y la recomiendan para aliviar las picaduras de insectos y víboras.