L a copa es un recipiente tan común en nuestros días, que a lo largo de la historia ha experimentado una transformación tanto en la forma, el tamaño como en el tipo de cristal.
Varía de forma y tamaño, dependiendo de la bebida que contenga. Como norma básica hay que evitar la excesiva ornamentación y talla del cristal, que produce una sensación de barroquismo. Así, cuanto más fino y liso es el cristal, más elegante será la mesa.
Antecedentes.
El origen de la copa, cuenta la leyenda, se da en la antigua Grecia. Allí, un orfebre encontró inspiración en los pechos de la hermosa Helena para dar forma a la que sería la primera copa de vino.
En la Roma antigua, el “modoliulus” era lo más parecido a la actual copa, y tenía la medida de un tercio de ánfora. Otro recipiente particular, llamado ‘mastos’ en griego, reproducía la forma del seno de una dama, y fue el primer diseño de lo que hoy llamamos copa para vinos espumantes.
Los materiales con que se fabricó esta vajilla fueron varios: la cerámica y el metal fueron adornados con arabescos, cincelados o grabados sobre estructuras cada vez más complejas y diversas.
En la época del Renacimiento, el trabajo sobre el cristal y el oro llegó a alcanzar un altísimo nivel.
Actualidad. La aplicación de la tecnología no se extiende únicamente a los materiales. También ha influido en el diseño, a fin de que las copas sean ideales para el líquido que recibirán.
Todas se forman de tres partes: el bulbo, cuerpo o ‘bowl’, el pie y la base (esta última es la que les da estabilidad). El tamaño del pie varía de acuerdo con el diseño, y su forma puede ser recta o bien con ligeras curvaturas.
Tipos.
Al igual que cada alimento se debe comer con una clase diferente de bebida, cada bebida tiene su copa adecuada, que a su vez ocupará un lugar determinado en la mesa.
Agua. Son de mayor tamaño, su forma es un poco abombada (redondeada). Es una copa que se puede utilizar tanto para agua como para diferentes jugos.
Vino tinto. Generalmente se usa una copa de forma ancha, de gran cavidad y abombada. Las que se utilizaban antes eran mucho más chicas. La nueva tendencia es emplear unas mucho más grandes para vino.
Vino blanco. La que se destina, en este caso, es más pequeña y fina que las que usamos para el tinto. La forma es más estrecha porque es necesario que esta copa guarde el frío del vino.
Champaña. Son básicamente de dos tipos: 1. Con la boca un poco más ancha y con una longitud más corta. 2. Más alargada y estrecha en la boca con una forma aflautada.
Coñac. Se debe servir en una copa de gran cavidad, de pie muy corto y de gran tamaño. La forma está pensada para que se pueda abarcar con una sola mano y, de esta forma, mantenga el calor de la bebida.
Datos de interés. Para crear un ambiente elegante y de buen gusto, elija copas transparentes para que el comensal pueda diferenciar el color y el aspecto de la bebida.
Medida. Al servir, evite que la copa rebose. Generalmente, debe llenarse hasta la mitad o un poco más, con algunas excepciones como las copas de coñac. La única copa (o vaso) que se puede servir casi llena es la que se utilizan para el agua.
Percepción. El tipo de cristal, la forma, el tamaño o la comodidad en el manejo de la copa están pensados para mejorar la percepción de los aromas, los colores y los diferentes sabores.
Por lo general, las copas son convexas y se cierran en los bordes con el propósito de retener mejor los aromas del buen vino.