Pareciera que los tiempos difíciles que vivimos nos acercan más a la infancia. Vemos hoy, por ejemplo, un resurgir del interés por la literatura infantil, quizás porque todos, chicos y grandes, necesitamos acercarnos a la inocencia, la simplicidad, la fantasía, la belleza estética, y la esperanza de los gustos infantiles.
El 2 de abril se celebró el día del LIBRO INFANTIL a nivel mundial. Podemos entonces preguntarnos, sobre el origen de tal celebración y sobre la importancia y evolución de la literatura infantil.
Sobre los orígenes, se ha tomado la fecha de nacimiento del gran escritor e investigador Hans Christian Andersen para conmemorar el nacimiento de la literatura infantil, que por supuesto, es más antigua que el propio Andersen. Sin embargo, Andersen tuvo el mérito de rescatar antiguas leyendas y tradiciones populares de Dinamarca, su país, transformándolas, a través de la escritura, en hermosos cuentos que han alimentado la imaginación infantil durante todos estos años. ¿Quien no recuerda, historias como El Patito Feo, El Soldadito de Plomo, La Sirenita y muchos otros?
Desde el siglo XVIII, varios escritores se preocuparon por rescatar aquellas tradiciones populares que luego sirvieron de base para muchos de los más conocidos cuentos infantiles.
Así pues vemos cómo las tradiciones se han adaptado tan bien a las exigencias del niños lector. En nuestro país hemos tenido productivos investigadores de la tradición oral, quienes como las doctoras Dora de Zárate, Tilsia Perigault y Joaquina de Padilla han publicado valiosos documentos de la tradición oral.
Hace poco tuvo lugar en Panamá el Primer Encuentro de Escritoras de Panamá, donde se pudo demostrar que el género se encuentra en plena ebullición. Es reconfortante ver cómo se hacen esfuerzos, no sólo a nivel personal de cada escritor, sino institucional para estimular la producción de libros infantiles. En este sentido, la Universidad de Panamá ha desempeñado un papel importante en la promoción del libro infantil. Lo ha hecho a través de la Cátedra de Literatura Infantil, de su Editorial,de la organización de seminarios, entre otras actividades. Hoy, a pesar de la tecnología y de la velocidad de la vida moderna, nadie duda del valor de la lectura en la formación del hombre. Sabemos también que la lectura es un hábito que se adquiere desde la infancia. Por eso los que escribimos para niños creemos que de nuestras plumas fluye un bálsamo mágico que, en alguna medida, contribuye a extraer la luz del mundo desde el fondo de una realidad oscura.
Los invito a celebrar este día, leyendo un cuento a sus hijos, compartiendo con ellos una experiencia de infancia, cantando con ellos una canción de sus épocas escolares o jugando a las adivinanzas. Recordemos que un buen libro para niños no tiene edad; que así como sus orígenes se pierden en la bruma del pasado, podemos disfrutarlo indefinidamente.