Aladino Mosquera, un reciclador de chatarra, se convirtió en un muerto-vivo en el principal puerto marítimo de Colombia cuando regresó a la casa de su familia, tras 15 días de ausencia, y se percató de que lo estaban velando, dijo el martes su sobrina.
"Una señora nos vino a decir que Aladino estaba en la morgue.
Yo fui a ver al muerto y vi a una persona físicamente igual, por lo que pensé que era él", dijo Emilsen Angulo, sobrina de Aladino, un muchacho de 23 años cuyos padres murieron hace varios años.
"Cuando pensamos que el muerto era él, un tío se fue a trabajar después del velorio y lo vio caminando en la calle. Le preguntó: "Y vos, ? No estás muerto? Acabo de verte en tu casa".
Mi tío pensó que él era un espíritu que lo andaba siguiendo, pero después se fue corriendo a la casa a avisar que el presunto muerto estaba vivo", agregó.
Al cabo de una hora, la sobrina de Aladino dijo que fue a buscarlo y lo llevó a la vivienda el lunes en la mañana.
A su llegada, Aladino quedó estupefacto al ver su propio velorio, que se llevaba a cabo en un humilde barrio de Buenaventura, en la costa del Océano Pacífico, 350 kilómetros al suroeste de Bogotá.
En medio de las lágrimas y las miradas de asombro y terror, la familia Mosquera vino a enterarse de que el muerto era Jairo Herrera, un joven alto, moreno y fornido que vivía, junto a su mamá, en un pueblo apartado llamado Timbiquí.
Herrera llegó a la morgue de Buenaventura como persona no identificada tras haber sido hallado en la calle muerto a consecuencia de dos balazos.