En el Reino Unido se están aplicando al tratamiento de las enfermedades coronarias nuevas formas de terapia genética utilizadas en principio para curar la artritis reumatoide.
El profesor Dorian Haskard, director del equipo de investigadores del hospital Hammersmith de Londres, cree que este es un ejemplo clásico de cómo la investigación aplicada a un área puede beneficiar a otras de igual o incluso mayor importancia. El profesor Haskard ha dedicado siete años a investigar el proceso inflamatorio de la artritis reumatoide, que se produce en las articulaciones. Así descubrió que el proceso suponía la desaparición de los leucocitos del sistema sanguíneo a través de las paredes venenosas y su deposición en las articulaciones.
Normalmente los leucocitos sólo atraviesan las paredes de los vasos sanguíneos cuando se produce alguna infección pues son las células específicamente preparadas para combatir las enfermedades. La pared interior de los vasos sanguíneos está compuesta de células planas llamadas células endoteliales arteriales, que forman una especie de empedrado. Esas células reciben señalen que les indican cuándo deben contraerse para dejar pasar a los leucocitos.
Normalmente, esas señales químicas sólo se producen cuando el sistema inmunitario detecta una infección que requiere una respuesta rápida. Pero en el caso de la artritis reumatoide la señal es falsa, pues no existe infección. Entonces los leucocitos que salen de los vasos sanguíneos se depositan en las articulaciones.
Todavía no se conoce el mecanismo que producen esas señales falsas, pero ya se conocen los efectos del mecanismo mediante el cual esas señales, verdaderas o falsas, envían a los leucocitos al lugar donde se ha producido una infección. Lo que sucede es que las señales químicas que se transmiten a través de la sangre activan unos genes de las células endoteliales. Esos genes hacen que las células produzcan unas moléculas adherentes en el exterior de sus paredes celulares.
Cuando se producen las moléculas adherentes, los leucocitos que circulan por las venas se adhieren a ellas y se produce una especie de giro de esas células mediante el cual los leucocitos se sitúan en la parte exterior de la pared arterial. Llegado un cierto momento, los leucocitos se separan de las moléculas adherentes y se dirigen al punto donde se ha producido la infección.
El profesor Haskard y sus colaboradores han desarrollado una técnicas que permiten seguir y estudiar todo este proceso en tiempo real en un cuerpo viviente. Para ello han fabricado anticuerpos de las moléculas adherentes a los que han ligado isótopos radiactivos. Inyectadas esas moléculas híbridas en la corriente sanguínea, se unen sólo a las moléculas adherentes producidas en la pared de las células endeteliales. Gracias a las radiaciones procedentes de los isótopos unidos a los anticuerpos, se pueden estudiar las partes de los vasos sanguíneos en las que se producen las moléculas adherentes, es decir, la que pueden ligarse a los leucocitos. Esas radiaciones son captadas mediante una cámara especial de rayos gamma.
El equipo del profesor Haskard va a desarrollar este procedimiento para diagnosticar y localizar la artritis reumatoide en las personas, una técnica que se podría utilizar en todos los hospitales que poseyeran un departamento de medicina nuclear con cámara de rayos gamma. La misma técnica se podría utilizar también para evaluar los efectos de los nuevos medicamentos que se están desarrollando para tratar de bloquear la salida de los leucocitos a través de las paredes de los vasos sanguíneos y evitar de este modo su deposición en las articulaciones.
Los investigadores del hospital Hammersmith utilizan también esta técnica para estudiar la relación entre la artritis reumatoide y las enfermedaes coronarias, con el fin de descubrir qué tio de señales químicas producen lo que hasta ahora se cree que es la principal causa de dichas enfermedades, para bloquear o al menos mitigar sus efectos.
El equipo del profesor Haskard está desarrollando anticuerpos de las moléculas adherentes como primer paso para aplicar la terapia genética a la artritis reumatoide. Se trata de enviar a las células endoteliales que causan la artritis genes que produzcan de modo natural sustancias anti-inflamatorias. En los primeros experimentos realizados ya ha conseguido insertar esos genes en el 95 por 100 de las células endoteliales previstas.
Se espera que en los próximos años se puedan realizar ya pruebas clínicas que demuestren las posibles ventajas de estas técnicas desarrolladas para curar la artristis reumatoide, también en la curación de las enfermedades coronarias. (MED).