Paola Cruvelier y Mark Babbe pueden decir con plena seguridad que el destino les preparó un encuentro especial y un largo recorrido en el cual han compartido aventuras y sobre todo fortalecido su amor.
Sólo espíritus aventureros como los que inspiraron a esta joven pareja compuesta por una panameña y un norteamericano, son los que impulsan a realizar grandes cosas, como lo es el recorrer un continente en bicicleta y descubrir que en cada kilómetro se fortalecen los lazos que los unen.
EN BUSCA DE UNA META
En octubre de 1995, Mark Babbe, programador de computadoras en San Francisco, E.U., cansado del trabajo cotidiano decide tomarse un descanso. Es así como visualiza dos planes, a fin de ponerle fin a lo monótono en que se había vuelto su vida. Primero, decide recorrer todos los Estados Unidos en bicicleta, posteriormente recurre a la idea de viajar a Guatemala a estudiar español. Finalmente, ninguna de las dos prosperó en su totalidad. Mark decide combinar ambas ideas, pero a su manera. Un mes después realizaría el viaje en bicicleta hasta Guatemala.
La experiencia de viajar largas distancias en bicicletas fue algo que aprendió a medida que avanzaba en su ruta. Es así que emprende su viaje con destino a Guatemala, sale por Baja California, cruza en barco hasta Massatlán, luego a Guadalajara, Guajaca y más tarde llega al país centroamericano.
Ya en Guatemala, en donde anduvo casi dos kilómetros, aprende el español y decide quedarse por un tiempo. Pero su meta no terminó allí, su destino final sería Buenos Aires, Argentina. Luego viaja a Honduras, Nicaragua y Costa Rica en donde labora en una estación biológica.
Es el viaje a Guatemala que le motiva a seguir su recorrido hasta Panamá, en donde le esperaba una gran sorpresa.
El tiempo de viaje de California a Panamá duró aproximadamente un año y un mes, como explica Mark. "Llegué a Panamá, en donde anduve una semana en bicicleta y empecé a buscar una ruta para viajar a Colombia", cosa que no le fue tan fácil. Por último, decide comprar un boleto aéreo vía COPA.
ENCUENTRO CONEL AMOR
En septiembre de 1996, Paola laboraba en el departamento de tráfico de esa línea aérea y estudiaba ingeniería industrial por las noches. Jamás se le pasó por la mente que conocería a su gran amor.
Decidido a seguir su camino hacia Buenos Aires y con el boleto en mano para Colombia, Mark esperaba impaciente en el Aeropuerto Internacional de Tocumen, pero algo no estaba funcionando bien.
Con poco equipaje y una caja enorme que guardaba su vehículo de transporte. Prácticamente, el lugar se encontraba vacío y ya se acercaba la hora de partida. Intrigado por la situación se acerca a preguntarle a la joven de tráfico, quien le informa que el vuelo había sido cancelado hasta el día siguiente. La desesperación comenzó a apoderarse de él. ¿A dónde iría con la enorme caja y cómo hacer para regresar al día siguiente?.
Trataron de ubicarlo en otra línea aérea, pero sin ningún éxito. Paola consiguió que fuera hospedado en un hotel cercano. A pesar de esa mala experiencia, Mark y Paola se sintieron mutuamente atraídos.
Y como es de suponer el vuelo del día siguiente nunca se realizó, Mark tenía una buena excusa para descansar unos días en Panamá: conocer más a Paola.
En noviembre logran casarse, pero no en Panamá, ya que la tramitación de los papeles que le exigían a Mark eran imposibles de conseguir, por lo que viajan en bus hasta Las Vegas, en donde se quedan por unos días con familiares de Mark.
DE PANAMA A BUENOS AIRES
Es en San Francisco donde compran la bicicleta de Paola, quien decide acompañar a su esposo en su sueño de llegar a Buenos Aires. "Yo pensaba cómo voy hacer si llego primero allá sin conocer a nadie y dije me voy en bicicleta contigo", señala Paola, quien no tenía experiencia al respecto.
El entrenamiento previo fue dirigirse en bicicleta de Panamá a Colón.
Ya preparada para el viaje, parten de Panamá, con lo esencial que necesitaban, el 2 de febrero de 1997, convirtiéndose Paola, en la primera mujer panameña que recorre Sur América en bicicleta, porque hasta el momento no se ha conocido otro caso igual.
Paola confiesa que la costa de Perú fue más difícil de recorrer por lo largo del trayecto, unos dos mil kilómetros, aproximadamente, la mayor parte de ellos áridos.
Para los dos, ese viaje se constituyó en su luna de miel. Una travesía llena de paisajes hermosos y otros que no lo eran tanto, así como de anécdotas que les hicieron pasar alguno que otro susto.
Entre esas anécdotas, recuerdan dos en Bolivia. En el Desierto del Chaco, la lluvia que creó unos grandes charcos de agua en las calles estrechas obligaron a Paola a cruzar por una orilla, sin hacerle mayor caso a un campesino que le gritaba ¡cuidado!. Ella descubre entre los matorrales un toro enorme que la obliga del miedo a soltar la bicicleta y huir hacia unos arbustos llenos de espinas.
También en una acampada a 50 metros de la rivera de un río, empezó a llover y en medio de la noche, las ranas comenzaron a subir por los lados de la carpa, de repente se escuchó una especie de trueno. El agua empezaba a inundar la carpa, por lo que tuvieron que colocarla en un lugar seguro lejos de la corriente.
Cada una de esas anécdotas se constituyen en su mayor recuerdo y legado para sus hijos, y más ahora en que están próximos de convertir también ese sueño en realidad.
El 29 de diciembre de 1997 llegan por fin a Buenos Aires, luego de 11 meses de viaje desde Panamá. En Argentina logran adquirir residencia y trabajo, sólo les faltaba el D.N.I (cédula), pero Mark es llamado por la empresa a laborar en Praga, República Checa, en donde se trasladarán a partir del 22 de enero.
Paola Cruvelier ha recorrido ya unos 13,663 kilómetros, mientras que su esposo, Mark Babbe lleva más de 23 mil. Y aunque hay una nueva responsabilidad en camino, todavía sienten energías por seguir recorriendo caminos y países en bicicleta, pues confesaron que Europa sería una buena oportunidad de retomarlas.
Esa aventura que emprendieron los dos un 2 de febrero de 1997 en Panamá, les ayudó a darse cuenta de las diferencias que existen entre nuestros países latinoamericanos, mientras unos son más cálidos y amistosos con los visitantes, otros los discriminan a los propios hispanos, por el simple hecho de creer ser superiores a ellos. Pero a pesar de eso, la satisfacción de Paola y de Mark se ve reflejada en sus ojos y en las cosas que dicen sobre el viaje que los unió más.