Para el III concierto de abono de la Asociación Nacional de Conciertos, esta vez con el patrocinio exclusivo del Banco Continental, el cual da siempre significativo aporte al progreso músico-cultural de Panamá, tuvieron el gusto de presentar noches pasadas, al laureado y jovencísimo pianista Richard Ormrod, nacido en Cardiff (Gales), ganador de los importantes Certámenes Internacionales como el "International Arthur Rubinstein Piano Master Competition" de Tel-Aviv (Israel), Nakamichi (Japón) y Leeds (Estados Unidos).
Richard Ormrod abrió el recital con Preludio y Fuga en Mi bemol Mayor (Libro I del Clave bien temperado), de J. S. Bach (1685-1750).
No cabe duda que Johann Sebastian Bach fue (es), el genio universal de las composiciones fugadas. Ponemos como ejemplo de lo antedicho esta obra que parece tender a equivocar al oyente, ya que Preludio, según el Diccionario de la Lengua Castellana, lo define como comienzo, preámbulo, iniciación o principio. Por lo tanto el comienzo debe ser transitorio, fugaz, dando así a lo más importante: la fuga. En este caso, el Preludio, ocupa casi toda la obra, acabando esta con la genuina Puga. No obstante si analizamos en profundidad al Preludio, este es una maravillosa Fuga a cuatro voces -en algunas partes, sutiles y otras perfectamente definida- la cual termina con una radical y violenta Fuga a tres voces.
Richard Ormrod tocó con precisión matemática -virtuosística- pudiendo el oyente, con fino oído musical, precisar entradas y salidas fugadas, modulaciones, inversiones y tema coral con que comenzaría la otra.
De Robert Schumann (1810-1856), escuchamos Sonata en Fa sostenido menor, Op. 11, en sus partes, Introduzione, Aria y Final con sus movimientos.
Esta Sonata, derivada de la Novena Sinfonía (Coral) beethoveniana, sobre todo en su segunda parte (Aria), pone de relieve el enorme potencial del instrumento (piano), y de la dificultad intrínseca para ejecutarla. Sus seis dilatados movimientos hacen que dicha sonata peque -para algunas personas- de tediosa.
La gran técnica pianística, sus largos dedos y ductibilidad de muñeca, hicieron que Richard Ormrod se "paseara" por la obra no obstante su complejidad.
Pasado el Intermedio, la tercera y última obra del recital fue, Sonata en la Mayor (D959), de Franz Schubert (1797-1828).
Contemporáneo de Beethocen en Viena, aunque 27 años más joven que este, Schubert escribía con más facilidad que "el gran sordo", al cual admiraba y, si bien compuso sinfonías, sonatas y cuartetos de cuerda dentro del más puro clasicismo, al igual que Haydn, Mozart y el mismo Beethoven, a diferencia de estos, desarrolló un talento especial para el Lied (canción romántica), el cual, además de ser melodioso musicalmente, capta el sentido del poema y lo expresa con gran fidelidad. Esta forma de arte -el Lied- debe más a Schubert que a cualquier otro compositor universal.
En cuanto a la Sonata que nos hizo escuchar Richard Ormrod, es una de las tres que compuso al final de su vida, siendo esta la que mejor resiste a las críticas compositivas, El solista, con su gran técnica y musicalidad, supo llevar a término el recital.
A pesar que el respetable no escatimó aplausos, Richard Ormrod, (tuvo que salir tres veces), no hizo ningún bis, terminando de esta forma el recital.
Otro Sí Digo: Sabemos que en Europa se usa constantemente el pedal derecho (pedal de sostén o impropiamente llamado pedal fuerte), bastante difícil usarlo con propiedad, en cambio, en los Estados Unidos de Norteamérica, se usa poco. Nosotros no estamos en contra del uso de los pedales (para eso están), pero sin dar taconazos al usar estos.
El joven y laureado pianista Richard Ormrod debería ser más comedido al usar los pedales.