El teatro de alcoba no es único de las mujeres, los hombres también interpretan sendas representaciones para salvaguardar su honor de machazos ardientes, cuando la ocasión no es tan "intensa" como ellos esperan.Todos los seres humanos nos sentimos inseguros frente a alguien que nos gusta. ¿Le resulto atractivo/a?, ¿Estaré bien que lo/la bese en la primera cita?, ¿Le gustará mi beso?, ¿Tendré mal aliento? Los hombres también experimentan dudas serias respecto a su atractivo personal y su desempeño sexual, no en vano la ridícula pregunta post coito: ¿Te gustó?
Lo que los taoístas han sabido siempre, los científicos están empezando a descubrir hasta ahora: el orgasmo y la eyaculación son dos cosas diferentes, lo que ocurre es que se suceden tan seguidas que los hombres no distinguen las sensaciones particulares de uno y otro. Los orgasmos son contracciones musculares muy placenteras, mientras que la eyaculación es la expulsión del semen.
Uno de mis entrevistados describió el orgasmo como "un desvanecimiento, escalofrío y una sensación de liberación. La eyaculación es sólo la salida del semen". La mayoría de los hombres, y de las mujeres, no reconocen esta diferencia y la falta de conocimiento genera confusión y limitaciones en nuestra capacidad de disfrutar de la sexualidad.
Con dos copitas de más un hombre normal puede sentirse un galán consumado y ligar con alguien que en circunstancias normales ni siquiera le hubiera agradado. En estos casos pueden suceder dos cosas: primero que en medio de la faena, con algo menos de alcohol en su organismo por el efecto de la transpiración, se da cuenta de lo que hace y de con quién lo hace y repentinamente sus "ánimos" lo abandonen; o el efecto del alcohol lo desensibilice y la acción se prolongue más de lo deseado. En ambos casos pueden fingir un orgasmo y eyaculación fortísimos.
Lo mismo puede suceder en estado de sobriedad, ellos lo definen como andar en bicicleta hacia ningún lugar en especial. Es como un paseo en el que esperabas disfrutar de un gran paisaje y luego te das cuenta de que pedaleas y pedaleas sin ver nada que te guste, entonces lo que quieres es llegar a casa. Y llegan, pero por inercia.
Una vez conversando con un amigo supe que lo listos que son algunos hombres. Me dijo que sabe cuando su esposa finge el orgasmo porque gesticula, se mueve y emite muchos sonidos e inmediatamente después se levanta a fregar porque repentinamente recuerda que tiene trastes sucios.
¿Y cómo sabemos nosotras cuando ustedes fingen?, le pregunté. "Cuando tienes un orgasmo real, los movimientos no son tuyos, te concentras tanto en lo que sientes que a veces no dices nada, todo es más fuerte e instintivo y luego te quedas inmóvil porque tu cuerpo no quiere nada más. Ni siquiera quieres que te toquen, sólo quieres rendirte a la sensación de paz que te invade", fue su respuesta.
Pude deducir que si se quedan dormidos, mudos o mirando al paisaje quiere decir que fue de verdad, pero si amablemente se levantan como impulsados por un resorte en busca de agua, fue actuación.
¿Alguna vez has fingido el orgasmo?, fue el preludio de un desfile de caras masculinas de asombro. "Jamás", respondían enfáticamente, "siempre se siente bien", el grupo intercambiaba comentarios y risas. Hasta que uno de ellos dijo: "Yo he tenido orgasmos sin eyacular y he eyaculado sin tener orgasmos, en ambos casos es frustrante, sientes que quedó inconcluso. Hay unas veces en que se siente menos rico y cuando pasa ¿Qué puedes hacer?". "A mí nunca me pasa, a tí te está cayendo la edad", interrumpió con incredulidad un veinteañero. "Lo que te queda es seguirlo intentando", dijo por su parte un risueño cuarentón.