Una cadena de televisión peruana se retractó ayer miércoles de haber retirado de su programación dominical la homilía del cardenal peruano, Juan Luis Cipriani, para reemplazarla por la serie cómica mexicana "El Chavo del Ocho" y repuso el espacio religioso tras la queja del arzobispo desde el púlpito.
La decisión de la cadena América, de la cual es accionista la mexicana Televisa, provocó duras reacciones en la prensa local, que le sugirió al arzobispo de Lima y figura notoria del Opus Dei en Perú, no aprovechar el espacio televisivo que se le concede para difundir sus ideas "fascistas".
El periodista César Hildebrandt que conduce en la misma cadena de televisión uno de los programas informativos más sintonizados de Perú, recordó que Cipriani calificó en una ocasión de "cojudez" a las organizaciones de derechos humanos y se preguntó si ello se podía definir como "palabra de Dios o usurpación terrestre de un obispo fascista?".
Pero, contrario a lo que se esperaba ante un buque tan cómodo y lujoso, es que con sorpresa nos enteramos de que en el "Amerigo Vespucci" no duermen en camas, sino en "hamacas".
De acuerdo con Francesco esto es para ahorrar espacio, sin embargo "aclara y asegura" que "se duerme muy bien en ellas".
Normalmente los que duermen se despiertan a las 7 y 30 de la mañana, recogen sus hamacas y las guardan.
"A eso de las 8 y 15 de la mañana se reúne toda la tripulación para que el segundo comandante hable de la actividad del día. Se habla de la limpieza, de la próxima llegada a un puerto o simplemente para ver que todos estén bien".
Y una rutina parecida, pero más protocolar, se repite en horas de la tarde, justamente cuando el astro rey empieza a ocultarse.
"Cuando baja el sol se convoca a una nueva asamblea. Todos decimos la "Oración del Marinero", y minutos después, bajamos la bandera".
No obstante, aunque la caída de la noche anuncia el pronto descanso de los navegantes, según Francesco, el mismo puede ser interrumpido en cualquier momento.
"De ser necesario mover la vela, esto requiere de más gente para subir a los mástiles. Así que se despierta a los demás para poder maniobrarla".
Pero tampoco se crea que todo es trabajo. También hay espacio para la relajación.
Y es que según nuestro narrador, al igual que en otros reglamentos militares, están permitidas las bebidas alcohólicas, aunque no al punto de embriaguez, y además se puede fumar, pero sólo en áreas abiertas.
Pero de la misma forma advierte Francesco que al ser tan ajetreada y activa la vida en el "Amerigo Vespucci", queda muy poco tiempo para diversión.
"Una vez llegan a tierra, ni crean que necesariamente van a divertirse. Esto va a depender de las actividades que realiza cada quien dentro del buque".
Y es que hay quienes trabajan más cuando llegan a los puertos. Justamente es el caso de Francesco, quien se desempeña en el área protocolar.
Sin embargo para él, la labor más cansona es la del cocinero. Explica que cuando hay festín éstos no pueden salir. A unos les toca limpiar y a otros cocinar, y aunque son alrededor de 40 en el buque, 20 de ellos deben hacer guardia, mientras los otros hacen su labor.
Pero chistosamente y rompiendo la severidad de la narración, Francesco admite que ante ésto no se desespera. Su ilusión es que "después de 25 días en el mar, alguien tiene que salir y poner el pie finalmente en la tierra".