Otros, que no necesariamente quieren ver filmes de Shelton, encuentran enesta nueva película de acción una motivación adicional para aborrecer el ya decaído género de la pareja dispareja de policías y sienten que con una dosis de comedia ligera y varias apariciones espaciales (Martin Landau en el rol de un veterano productor que quiere vender su casa en siete millones de dólares, Lou Diamond Phillips como un policía trasvesti, Robert Wagner, Eric Idle, Smokey Robinson, Fran Sinatra Jr., Gladys Knight o los raperos Master P y Kurupt) no se puede salvar el artefacto defectuoso llamado “comedia de acción”, que fue el rey de las taquillas en la década de los ochentas.
La verdad es que a pesar de que “Hollywood: departamento de homicidios” tiene una trama irrelevante con respecto a toda la riqueza de situaciones alternas, se convierte en una película agradable por el estilo Shelton.
En esta comedia, un detective veterano (Ford) que no se dedica tiempo completo a su trabajo por andar de corredor de bienes raíces investiga el homicidio de los integrantes de un grupo de rap que iban para la cima. El compañero del detective, el novato (Josh Hartnett) comparte su oficio con clases de yoga y prácticas actorales, pues cree que su futuro no está en la fuerza policial sino en la maquinaria hollywoodense, pero aún tiene que superar el trauma de la muerte violenta de su padre, un policía muerto durante el ejercicio de sus funciones. En el interín, corrupción policial, la mafia de la industria de la música y comentaristas radiales con seudos poderes síquicos que ayudan a atrapar a los criminales.
En fin, esta cinta se basa en las vivencias de Steve Souza un policía con 25 años de servicio en Los Ángeles que sirvió como consultor de Shelton cuando hacía Dark Blue, con Kurt Russell (disponible en DVD).
Un estafador neurótico, obsesivo-compulsivo y paranóico descubre que tiene una hija adolescente (Alison Lohman) al tiempo que desarrolla un último golpe lucrativo en la industria de los artistas del timo. Mientras tanto, acude al psiquiatra y trata de portarse como un buen padre, no sin antes tomarse un caldo del sancocho que siempre prepara.
Las películas sobre estafas, robos, trampas y cosas de esas siempre me han parecido fascinantes. No tanto por el desarrollo de las historias, que siempre es igual (yo transo, tú transas, todos transamos) sino por los giros que se dan mientras se narra una historia sencilla. Ejemplos contundentes como “El golpe” de George Roy Hill, “Los estafadores” de Stephen Frears, “Dos pícaros sinvergüenzas” de Fran Oz o uno reciente como el de la argentina “Nueve Reinas”, de Fabián Bielinski.
En el caso del último proyecto de Ridley Scott, nos encontrmos con un filme más del género, pero con una agradable diferencia: el protagonista es un neurótico de primera que pese a se maniaco de la limpieza, obsesivo con su trabajo y paranóico con el consumo de medicamentos para “tratar su enfermedad”, tiene pequeños defectos como fumar y dejar que la ceniza y el humo le invadan su anatomía o sus alrededores.
La sólida caracterización de Cage se une al talento de Rockwell (Galaxy Quest) y al estilo de Scott que descansa en este género luego de presentar complejos trabajos de gran presupuesto como “Hannibal”, “Gladiador” y “La caída del halcón negro”. En sí, la labor de los protagonistas vale la pena destacarse y la sencillez de lo expuesto en el filme salvan la cara por “Los tramposos”, que a ratos divierte, a veces aburre, pero no decepciona.
“The italian job” o “La estafa maestra” ha sido presentada en la tele hacemuchos años con Michael Caine en el rol principal.
Ahora, Mark Walhberg participa en el remake y su director F. Gary Gray (El Negociador) se consigue un elenco dispar, pero efectivo en una película también dispar, pero efectiva. Donald Sutherland, Seth Green, Jason Statham y Mos Def son los componentes del grupo de astutos ladrones traicionados por el cínico Edward Norton.
Tras la muerte del veterano maestro de las cajas fuertes (Sutherland), el grupo recluta a su bella hija con sed de venganza. Si en Venecia se robaron 35 millones de dólares en lingotes de oro, un año más tarde, en California, los cacos prefieren robarse lo robado por el placer de la venganza.
Aquí lo emocionante no es la forma como planifican el atraco, ni cómo se vansalvando; se trata de la acertada utilización de los legendarios “mini coopers” para desplazarse por los sitios más inesperados en el desarrollo de la trama y los chistes hacia el asunto Napster. Por lo demás, una cinta entretenida, sin mayores pretenciones, que vale la pena verse para pasar un buen rato.