Con estas sencillas atenciones, lucirás unos pies bellos y con aspecto saludable:
Recurre a un removedor de barniz sin acetona. Limpia cada uña dirigiendo el algodón hacia las puntas y después elimina el color que haya quedado alrededor con movimientos circulares.
Remoja ambos pies - hasta los tobillos - en un recipiente grande, en el que debes agregar dos partes de agua caliente, una de leche entera y tres gotitas de aceite de oliva.
Limpia las uñas en ese momento, con un cepillo suave para uñas.
Después de diez minutos, seca los pies y envuélvelos en una toalla.
Suaviza las zonas rugosas pasando una piedra pómez sobre ellas. Usa movimientos cortos sobre los callos y repite en cada pie.
Exfolia los pies y tobillos con un exfoliante que contenga alfahidroxiácidos (estos son componentes naturales derivados de productos alimentarios muy utilizados desde hace algunos años para el tratamiento cosmético de las arrugas y del fotoenvejecimiento por su capacidad hidratante como ingrediente principal).
Enjuaga, seca y después masajea cada pie y tobillo con crema corporal. Envuelve tus pies con una toalla previamente humedecida en agua caliente.
Usa un palito de naranja para empujar con suavidad la cutícula.
Cuando los pies estén secos, limpia las uñas con un removedor de barniz de uñas, aplica una base y después el color de tu elección.
Realiza esta rutina cuatro veces a la semana, tus pies te lo agradecerán eternamente.