Cuando se menciona el nombre de Acracia Sarasqueta de Smyth. Pocos son los que lo ubican dentro de la real significación que tendría que ocupar dentro de nuestra narrativa. Por regla general se encasilla su producción en el nivel de escasos valores literarios o bien se trae a colación el hecho de que la autora no participa de lo que entenderíamos como el "mundillo literario en Panamá" y se encuentra definida en otros contextos que en los corrillos intelectuales. Al respecto es evidente se cometen dos errores. Primer, se enjuicia su obra dentro de los parámetros en los cuales los valores literarios quedan fuera de comprensión. Segundo, se piensa que quien más y con mayor frecuencia adopte poses de intelectual o sea mencionado en los medios masivos de comunicación social, es quien con mayor justicia tendría que pasar ante los demás como escritor.
Estos dos errores que en no pocos casos han contribuido a hacer un nombre y una obra, allí mismo en donde solamente esta el ego o la audacia y el desconocimiento verdadero de qué es lo que tendríamos que entender como una "obra literaria" , en el caso específico de Acracia Sarasqueta de Smyth nos han mantenido en la ignorancia en torno a su producción que verdaderamente deberíamos calificar como "prodigiosa". Y ampliaríamos el término: prodigiosa por continuar una línea de exaltación de valores humanos, asumiendo como personajes centrales de sus novelas a "figuras" que dentro de nuestra historia, en un momento dado, asumen representatividad de nuestra identidad nacional. Como manifestara ella misma al entrevistarla: su preocupación y su interés por la literatura surgió cuando detectó que el panorama de nuestra lecturas escolares giraban en torno a personajes heroicos y épicos de otros contextos históricos y de realidades sociales y se desconsideraba a los personajes de nuestra propia historia nacional y en los cuales bien podrían afianzarse valores en torno a nuestras formas de ser en Panamá en el pasado con miras a educar a Panamá en el presente y en el futuro.
Aclaramos de paso que el sustento del término "prodigiosa" no excluye de manera alguna valías literarias, caracterizadas éstas por su sentido narrativo, a nivel de anécdotas que contar y por la fidelidad al transcurrir de la historia. En donde gran parte de los narradores que han acometido temas semejantes (pongo el caso de Cajar Escala y "El Cabecilla") resultarían altamente emblemáticos y discursivos y sus escritos, literariamente, poco trabajados, en Acracia Sarasqueta de Smyth en todo momento vamos a estar pendientes de incidentes y personajes trascendidos en contextos históricos inesperados por ellos y por ellas mismas y tratados ambos (incidentes y personajes) con calidad narrativa y sin desconsiderarse lo emblemático y discursivo solamente que asumidos ambos con limitaciones y no en su totalidad.
Este sentido es lo que define a "El Guerrero" (l962) y a "Valentín Corrales, el Panameño" (l967), para mencionar dos novelas que no han sido leídas por quienes hubiese querido la autora: sus compatriotas y en edades de formación humana. En ambas novelas transcurren incidentes, se definen personajes, se mencionan situaciones que parten de ilustrarnos un momento de la historia nacional antes de pretender darle a quien las lea, la valía de quien las escribe, mismo que asume la historia como excusa para su lucimiento. En Acracia Sarasqueta de Smyth encontramos a una mujer al servicio de lo que narra antes que a una mujer que pretende estar por encima de ello y darnos constancia de sus aciertos y capacidades literarias. En este sentido al relacionar sus novelas a la producción de sus contemporáneos nos damos cuenta cómo Acracia Sarasqueta de Smiyh sabe narrar más que discursear en sus novelas.
Es que estamos ante una narradora de invención y capaz de movilizarnos y mantener el interés a lo largo de diferentes períodos de nuestra historia y ubicando en ella sus temas y sus personajes. Al respecto es curioso detectar nuestras realidades sociales durante el período de la Conquista Española ("El Guerrero") y durante el período de la estabilización Colonial ("Valentín Corrales, el Panameño"), durante el período Departamental ("Una dama de Primera"). Ubicando en cada caso no solamente la exaltación sino el reconocimiento de una identidad nacional. Así Urracá, Valentín Corrales, Aurora de la Estrella, personajes centrales de las novelas, incorporan al lector, una idea precisa del ser humano dentro de un período histórico en Panamá y que sin quererlo ellos pasan a ser "representaciones" del mismo.
Lo valioso, hermoso, de este tratamiento es que ese ser humano se describe con miras a que quien lea encuentre cómo el o ella encarnada la historia de nuestro país y en cierta manera trasciende su cotidianidad e individualidad..
A nivel del discurso literario cada una de estas novelas encuentra una manera precisa de narración y a tono con el época recreada. En el caso de "El Guerrero" la insistente y sostenida descripción del medio natural, la Naturaleza, como evocación de ese momento de "encuentro de dos paisajes", el aborigen y el colonizador europeo y en el cual esta la semilla de una futura identidad nacional. En el caso de "Valentín Corrales", el Panameño", la reiterada e inventiva incorporación de refranes y dichos populares españoles que ilustran lo que se piensa o lo que se hace, las acciones, y que nos dan, en ese mismo nivel de confrontaciones, la imagen social del siglo XVll y las pautas comunicacionales ejercidas no solamente en nuestro suelo sino en todos los sitios españolizados. En "Una Dama de Primera", la línea epistolar a lo largo de la que se desarrolla la historia, dos planos narrativos cada uno de los cuales prosigue un seguimiento lineal de días, mese, años, marcha a tono con la práctica social del siglo XlX, en el cual este recurso continuaba como práctica usual no solamente en Panamá sino en otras latitudes.
No se nos escapa la posibilidad de entender estos dos últimos nombres suyos - "Valentín Corrales, el Panameño" y "Una Dama de Primera"- dentro de particulares estructuras narrativas y a tono con los momentos "históricos" tratados. En la primera, se trata de un "documento" conservado y que es puesto en manos del lector mediando el artificio de un testigo, el narrador omnisciente. Particularidad ésta que caracterizaría a gran parte de la narrativa del siglo XVlll en España. En la segunda novela, paralelamente, con su recreación del pasado desde el propio "pasado", con el epílogo que cierra el relato, la posible irrealidad de lo que hemos estado leyendo cuestionaría el manejo de los recursos arquetípicos del Romanticismo literario. Particularidad que la propia novelista entiende en el momento de calificar su obra como una "novela de la época romántica en Panamá".
En ambos casos enfrentamos el manejo de técnicas literarias pasadas la cual es destacado por algunos(as) como falta de actualización de la narradora sin percatarse de que conscientemente ellas las utiliza como "formas" a tono con esos momentos históricos que evoca en sus novelas.
De manera consciente hacemos un aparte con "El señor Don Cosme" (l955), verdadera obra maestra de nuestra narrativa costumbrista y que aún no valoramos como tal. En "El señor Don Cosme" no solamente hay una primera clarinada en torno a una novela seminal dentro de nuestra narrativa sino que mucho más valiosohay elementos autobiográficos en torno a la autora quien desde ya -recordar ésta como su primera novela- asume una circunstancia y un marco social histórico, en este caso, contemporáneo. El personaje central es un burócrata de ciudad que pasa a radicar en en el interior y de allí la ironía del título de la novela. Para los de la urbe rural es un "don" y de ello se convence él mismo. Al tiempo, realidades como los vicios y la politiquería, el provincionalismo -en su sentido de estrechez de entendimiento- el oportunismo, las injusticia de los caudillos de pueblo, entre otras, son "realidades" descritas magistralmente por Acracia Sarasqueta de Smyth, hace casi 30 años, como parte natural de la sociedad panameña y de una manera no igualada por otros narradores después que lo hiciera ella.
En el caso de "Una Dama de Primera" (l98l) encontraríamos el mejor testimonio de lo anotado, Es su tercera novela premiada en el "Ricardo Miró" y curiosamente la primera de sus obras que obtiene el "Premio Unico" -"El Guerrero" fue tercer premio (l96l) y "Valentín Corrales, el Panameño" fue segundo premio (l966). En su momento de selección, remontándonos a la marea que siempre desata el paso del evento literario de "consagración local" (?), fueron muchos los que levantaron su voz de protesta por la designación de esta novela mencionando que desde su mismo título marcaba un paso atrás para nuestra narrativa. Estos muchos no habían leído la novela y enfatizaban cómo era posible que Acracia Sarasqueta de Smyth se ganara el Premio Nacional de Literatura. Se dio el caso de jurados en años anteriores en la misma sección, hiciesen público que ellos habían declarado desierto el señalamiento pese a estar esta novela en competencia en esos mismos años.
Luego de terminada la lectura de "Una Dama de Primera" lo que más sorprendería a sus detractores es que con esta novela Acracia Sarasqueta de Smyth ha entregado uno de los trabajos más atípicos y por ello , más valioso del género. Y cómo ha logrado rescatar del olvido, en un medio como el nuestro en el cual lo que menos valoramos es la memoria social, una cantidad de incidentes y situaciones que desde una perspectiva pasada nos recrean, dentro de la contemporaneidad, la vida en Panamá en el siglo XlX. Y al hacerlo aportando una inventiva desusual con una historia de amor y a la usanza del siglo pasado y con mecanismos y recursos tan valiosos que harían de "Una Dama de Primera" material de lectura obligatoria para los que de veras se interesen en el quehacer.
Es que los amores de Aurora de la Estrella y de Henrry D" Couvert se evocan sobre el trasfondo de una verdad histórica con tanta vehemencia y con tanta efectividad que cuesta separar lo que es ficción de lo que es la historia. En la novela ambos extremos alcanzan un máximo nivel incorporando una realidad distinta que parte de ambas y que es la realidad de la narración. En este sentido la ciudad de Panamá decimonónica y los incidentes cotidianos de sus personajes aristocráticos que ella supone, los cuenta para contar "muchas cosas de mi país y de aquellas damas encumbradas, de faldas largas y corazones románticos" que marchan a la par de las luchas independentistas en Suramérica y los brotes separatistas locales y de personajes reales que llegaron a nuestras tierras con ideas de independencia y de liberación, Esto sin considerar los incidentes que tenderían a hacer imposible el amor de Aurora y Henry.
Si en algo abunda y nos compromete la novela es en personajes y en situaciones relativas de las capacidades de Sarqueta de Smyth, para sostener nuestra atención al momento de su lectura y luegio al momento de reflexionar sobre la lectura. Obligándonos a rescatar su nombre y con ello, una forma de narración muy particular dentro de nuestra narrativa, del olvido injusto en que algunos lo han mantenido en los últimos años aquí en Panamá.