La muestra del artista cubano, nacido en l957, es una de las más esperadas de la actual temporada del Arte en Panamá. Se inaugura el martes 25, a las 8 de la noche y contara con la presencia del artista, quien por vez primera exhibe en nuestro medio.
En palabras del crítico Joaquín Badajoz, Bretaña Hevia, construye una poética de motivos surrealistas y futurista y dota su obra de ambientes y de seres con características neofigurativas. En este sentido el conjunto de acrílicos evidencia su manipulación de obras clásicas cuyo probable manierismo es reemplazado por la ironía y el contrasentido y en cierta forma por replantearse la imagen evocada, inicialmente, por artistas como Brueghel y Allori.
PARA LEERTE MEJOR-JOSE SARAMAGO: "ENSAYO SOBRE LA CEGUERA"
En los últimos años pocas han sido los textos literarios que podríamos llamar como inquietantes. Es decir, textos que de alguna forma sacuden de la modorra al lector o a la lectora. Lo sacan de esa acomodaticia posición de leer un texto desde fuera y sin sentirlo ni próximo ni cerca del mundo circundante. Esta novela de José Saramago nos devuelve esa idea que suponíamos si no perdida a lo sumo olvidada. La versión española circula desde l996 si bien se ha popularizado, como casi todas las obras del narrador portugués, a partir de la obtención del Premio Nobel de Literatura. Con anterioridad le conocíamos "Memorial del convento" y "El Evangelio según Jesucristo".
"Ensayo sobre la ceguera" parte de una anécdota mínima: un hombre, cuyo nombre nunca es revelado, detiene su automóvil ante un semáforo en rojo y en la espera del momento de proseguir. queda súbitamente ciego. Literalmente una "ceguera blanca" es todo lo que lo domina mientras no sabe qué hacer pues el cambio de luz, en el semáforo, le dice que continué y a ello le urgen los otros conductores en la vía. El no sabe qué hacer.
Con esta mínima anécdota, Saramago, inicia un recorrido inquietante, tortuoso, a lo largo del cual, otras personas, hombres y mujeres, niños, ancianos, que entran en contacto con el hombre, directa o indirectamente, pierden como él la visión y se enfrenta a la misma luz blanca que lo cubre todo.
Con "Ensayo sobre la ceguera" confrontamos, y en calidad de lectores, la misma sensación que en l970 experimentamos con "El obsceno pájaro de la noche", de José Donoso. Esta, como a novela de Saramago, un estudio en torno a la decrepitud de una sociedad, de la decadencia de sus seres humanos, y al tiempo como un particular microcosmo del lector. Solamente que el novelista chileno ahonda, casi hasta el paroxismo, en el naturalismo mientras que el novelista portugués se aparta de esa línea narrativa y en cierta forma nos profundiza un cierto tratamiento casai que surreal. Donoso siempre nos mantiene en la idea de que el suyo es corte transversal en la sociedad chilena de la época mientras que Saramago nos da como una parábola de nuestros tiempos y en torno a una sociedad que podría ser cualesquiera sociedad y no una en particular.
La reflexión humana no queda ahí y la novela es el relato de cómo se incrementan los casos de forma continuada y cómo el manicomio, el viejo edificio derruído de la ciudad, se transforma en un "ghetto" en el cual no caben más gentes pero siguen llegando más gente. La dimensión de "parábola" no es casual. Para cualesquiera lector (a) desprevenido (da) por desprevenido (da) que sea, resulta fácil remitirse a la Segunda Guerra Mundial, en Europa y a los campos concentración. Estos seres humanos, de quienes se aparta la sociedad (que dicho sea de paso nunca es aludida de manera directa ni participa del relato de manera protagónica) padecen ese mismo viacruxis del cual tenemos conocimiento, directa o indirecta y que fuera padecido por las víctimas del facismo. Ahora bien, Saramago, no esta interesado en una posible crítica social. Su novela no gira en torno a la injusticia, la impiedad, la violencia, entre otras variables. Tampoco escapa de ellas pero no se detiene en ellas. Ellas, entre otras variables, son excusas.
Excusas para este "ensayo" en torno al temor, al miedo, al confrontar lo desconocido. Irrumpe en nuestras vidas y queremos detenerlo, no tanto para conocerlo, sino para ignorarlo. Es decir, el temor, a esta plaga -habría que darle un nombre para hablar de ella- que no queremos cerca sino lejos. Estos ciegos que surgen de la nada y que nos afectan a los demás, hay que apartarlos, recluírlos. La novela no trata ni de una posible ética de la solidaridad humana, ni de la confraternidad humana. Como en Kafka es una condición humana natural aunque al descifrarla no resulte lo natural que era de esperarse.
De allí lo circular de la anécdota. Al cierre de la novela, esa "ceguera", así como llegó, así mismo tiende a desaparecer. No sabemos cómo ni porqué llegó: no sabemos cómo ni porqué desaparece. Sin embargo, el único personaje que a lo largo del relato nunca perdió la visión, al cierre de esa atmósfera de felicidad: "Alzó la cabeza al cielo y lo vió todo blanco, Ahora me toca a mí, pensó, El miedo súbito le hizo bajar los ojos. La ciudad aún estaba allí". Enigmáticamente, Saramago, nos termina el relato con una ambigüedad absoluta. ¿Queda ciega la mujer? ¿Fue momentáneo su temor? El dilema esta en que ya no tenemos forma de saberlo: su "Ensayo sobre la ceguera" ha terminado.