Variedades

El dedo acusador señala a los títeres y los titiriteros

El juega vivo, el servilismo, la corrupción, e irrespeto a la condición humana salen a relucir en el drama.


Rosalina Orocú Mojica (rosalina.orocu@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Crítica social es algo que abunda en las puestas en escena del dramaturgo Norman Douglas. “Antes que lloren en mi casa, que lloren en la tuya” responde a ese modelo de teatro que plasma situaciones sociales delesnables, de una humanidad en decadencia como especie, a pesar de tanto adelanto en innumerables ámbitos.

Con “Antes que lloren en mi casa, que lloren en la tuya”, el Grupo Tablas completa 100 producciones, en 30 años, algo nunca visto en Centroamérica, lo que complace a Douglas.

Asegura que la propuesta pondrá a todos a pensar qué tanto se asemeja lo que interpreta el elenco con lo que ocurre en sus lugares de trabajo.

Personajes que quieren aprovecharse de los demás, conocidos como trepadores, los hay por doquier y en el competitivo mundo laboral ellos crecen como las malas hierbas.

Esos tontos útiles comparten el día a día con jefes que bien pueden ser explotadores o tratan como seres no pensantes a sus subalternos. De ello también hay un poco en la obra, que estará en escena en el Auditorio Ascanio Arosemena, de la ACP, en Balboa el 31 de enero y 1 de febrero.

La política maquiavélica de que “el fin justifica los medios”, está muy bien retratada en la obra. Es que el neoliberalismo hace que el ámbito laboral sea como una selva. O como la mar, donde el pez más grande se come al más chico.

Angelo Yusuf Taylor, Briseida Durán, Angie Carolina Villarreal, Gian Carlos Ureña y Edilberto Juárez, se encargan de irlos llevando, con su talento en la actuación, por diferentes vivencias (hipocresía, cinismo, oportunismo, lambonismo) que pueden serles familiares a muchos, sea porque las han vivido o han sido testigos de ellas. O a alguien a quien conocen le ha pasado algo parecido.

Dilemas abundan cotidianamente en todo escenario laboral. Unos tienen sabias decisiones. Otros yerran (a sabiendas o sin proponérselo) llevados por la ola, amparándose en que “la necesidad tiene cara de perro” o bajo presión.

“Antes que lloren en mi casa, que lloren en la tuya”, coloca en disyuntivas también: Enfrentar o no al jefe, que no siempre tiene la razón ni debe tener la última palabra, aunque sea quien pague su salario, pues hay un aspecto, que es el de la ética, que debe pesar más en quien bien se precia. Como la funcionaria que en la obra hace la diferencia.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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