Entre los pueblos primitivos las relaciones sexuales eran lo normal durante el período de noviazgo. En tiempos recientes, la religión ha establecido el impedimento relativo a lo sexual sobre ese período que se comprende entre el compromiso y el casamiento.
En primer lugar, vamos a analizar las actitudes actuales que los seres humanos pueden tener ante el sexo. Es necesario analizar este factor, porque la historia de la sexualidad está marcada por cambios constantes de las creencias y sentimientos que el sexo imprime y porque las conductas han variado debido a estos cambios.
Las actitudes nos predisponen a valorar favorable o desfavorablemente los objetos y los sujetos que nos rodean. Una actitud se conforma de tres componentes que se relacionan entre sí:
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por las opiniones o creencias que uno posee sobre un tema;
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por los sentimientos que son reacciones emocionales que se presentan ante el objeto, sujeto o grupo social;
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y, por las conductas que son las tendencias o intenciones a comportarnos hacia los mismos estímulos.
Muchos factores, desde la personalidad a las necesidades económicas o a la propia hipocresía social, provocan divisiones entre estos tres componentes de una actitud. Es curioso que sea en la sexualidad donde más se producen estas divisiones, debido al impulso sexual que es una fuente de motivación poderosa que se inclina hacia la búsqueda del placer y de la relajación fisiológica. Por otro lado, las opiniones o creencias de origen social-moral limitan al individuo hacia la libertad sexual; y, por último la presión sexual-erótica de los medios de comunicación. Ellos pueden producir contradicciones en el manejo adecuado de la conducta sexual.