Pocas cuestiones merecen más el recogimiento de los cinéfilos que un nuevo filme de la leyenda viviente de Hollywood, Clint Eastwood. Con espléndidos 81 años, el gran Clint ha generado una nueva película compleja sobre el alma humana. En esta oportunidad se metió con un personaje muy polémico, nada menos que con John Edgar Hoover, que dirigió con mano de hierro el FBI durante 50 años.
Ocho presidentes norteamericanos debieron convivir y soportar a este poderoso hombre –quizás el mayor de la historia de ese país entre los años 30 y 70–, que aparte de dar una guerra sin cuartel contra el crimen organizado en las épocas de la ley seca, persiguió a comunistas y todo tipo de ciudadanos que consideraba peligrosos para el sistema democrático de EE.UU. De hecho, los propios presidentes le temieron, ya que manejaba información y la guardaba con un recelo importante de sus propios actos non sanctos (véase las infidelidades de los Kennedys).
Un nuevo tour de force del aún no del todo reconocido Leonardo DiCaprio, que compone a la perfección a un Hoover paranoico, con una terrible relación con su madre (una magnifica Judi Dench) y con las mujeres en general. A su vez, con pudoroso, pero firme empeño, Eastwood explora su sexualidad y la relación amor/odio que lo unió con el número 2 del FBI, Clyde Tolson, interpretado de excelente forma por Armie Hammer (conocido por “Red Social”).
Varios son los acontecimientos en que se centra la trama, pero su hilo conductor son unas memorias que Hoover encargó en sus últimos años a diversos escribas, donde ensalzaba sus arrestos y sus persecuciones no exentas del mejor “show”.
Poderoso, meticuloso al extremo, devoto del trabajo y contradictorio de principio a fin, J. Edgar era un personaje muy rico para llevar a la gran pantalla. Clint Eastwood, por si aún le hacía falta, demuestra una vez más por qué es un eximio director de actores, un realizador completo que hasta musicaliza sus propios filmes. Retirado de la actuación luego de su realización de “Gran Torino”, sorprendió hace poco cuando aceptó, después de 20 años de no actuar bajo las órdenes de otros, participar en un filme del que fue asistente de dirección de varios de sus trabajos, Robert Lorenz. Habrá que esperar hasta 2013.
El papel más difícil.
“Este fue uno de los personajes más difíciles que he visto escritos”, comentó DiCaprio. “A los ojos de Hoover, el comunismo era casi como un movimiento terrorista y él luchó contra este y otros enemigos a lo largo de toda su carrera”, agregó.
El actor asegura que tuvo que hacer una ardua investigación del personaje. “Descubrí que era manipulador y encantador. Podía complacer a cualquier persona, pero también intimidarla. Le gustaba ser el centro de atención, pero estaba tan concentrado en el trabajo que eso definía parte de su identidad, su moral, sus decisiones en todos los niveles”, puntualiza.
“Mantener el personaje y luchar contra las ganas de rasgarlo y no sentirse encerrado en ese envoltorio es muy difícil. Es como estar embadurnado con miel y envuelto en un acolchado de plumas”, señaló.
“Al final, interpretarlo fue muy claustrofóbico, es como si tuvieras que desacelerar tu ritmo cardiaco, hacer más lentos tus movimientos y cambiar quien eres a nivel físico, no pude decir que lo disfruté”, mencionó.
Leo y Clint, sin Óscar.
Pese a su excelente actuación, esta vez Leo DiCaprio se quedó sin la tan esperada nominación al Óscar por componer a J. Edgar. Hoover.
Al mismo tiempo, Clint Eastwood, de pasado conservador y republicano (de hecho, fue alcalde por ese partido, de Carmel, en su querida California) fue muy atacado por su dirección en este filme. Parece que no se puede dejar muy contento a gran parte de Hollywood cuando de política e historia se trata. Cuando todos esperaban que por izquierda destrozara a un personaje tan conservador como Hoover, su maestría clásica –con 35 películas como director en su haber– le permitió realizar un fresco sobre la compleja alma de un hombre tan temido como poderoso.