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‘El mar es un planeta distinto, de desafíos’

Con esta última travesía puede hablar mejor de la historia de Panamá y lo que significa para el mundo el avistamiento del Pacífico hace cinco siglos, y ahora la ruta del Canal de Panamá.


REDACCION / PANAMA AMERICA

Experiencia

  • Cuando estoy en el mar, no extraño nada de la tierra; y cuando estoy en tierra, extraño todo del mar, porque allí todos somos hermanos y todos nos ayudamos, porque todos estamos en precariedad. Pero en tierra nos sentimos tan seguros, que todos nos peleamos, plantamos líneas y fronteras divisorias que nos convierten en seres humanos egoístas.

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Para Álvaro de Marichalar, quien pasó 65 días de navegación entre Roma y Nueva York, en un viaje trasatlántico, “el mar es un sitio donde uno encuentra a Dios, como una gran catedral con un Dios no interpretado por religión alguna. El Dios de la creación, de la fuerza, los océanos, estrellas, amaneceres, de las criaturas”.

Agregó que es ese mismo Dios quien le permite enfrentarse a ese mar de la manera más salvaje a veces, superando los miedos que todos tenemos.

“Es un sitio mágico, que aunque está en el planeta Tierra, es como un planeta distinto que debería llamarse planeta océano, porque hay más agua que tierra”, señala convencido por sus vivencias.

 

El empresario inmobiliario y de telecomunicaciones, fundador en 1984 de TeleSat, pionera en la distribución de sistemas de recepción de televisión por vía satélite, hasta 1990, acepta que sobre el mar es nada ni nadie, y solo intenta superar con determinación, fuerza de espíritu y lucha, resistir los avatares, y sobre todo enfrentar los miedos que provocan querer regresar a tierra firme.

Con casi todos los océanos recorridos, a sus 52 años confiesa que la ruta más complicada y peligrosa la hizo en 2006 entre Hong Kong y Tokio, con motivo del 5.° centenario y nacimiento de San Francisco Javier, primer misionero europeo que llegó a Japón.

“Fue complicado por las dificultades de cruzar de China a Taiwán, países enfrentados en una zona de guerra, entre Japón y Okinawa, con mala mar y tifones, pero pude llegar a Tokio y hacer homenaje a ese español universal, patrón de la juventud, del turismo, Las Indias, de Navarra, haciendo su ruta”, recuerda con satisfacción.

Contra las inclemencias del tiempo, De Marichalar utiliza una crema que usan los astronautas rusos, la primera semana de la expedición. Después no usa nada, “la piel se acostumbra”.

A bordo lleva sistema para comunicarse con otras embarcaciones que aviste, luces de navegación nocturna, sistema de navegación GPS y brújulas.

Navega 100% en pie para evitar daños en la espalda y cansarse menos. Muchas veces duerme a la deriva, mojado y con frío. Algunas veces cae al mar, pero nada rápido a la embarcación, sube y sigue. “Así como la vida. En ocasiones nos caemos, pero nos levantamos y seguimos adelante”.


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917727
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América