Con un envidiable bronceado y vestido a la última moda, parece un modelo de revista y no el navegante que enfundado en neopreno recorre los mares de un continente a otro sobre una embarcación del tamaño de un delfín, en total precariedad.
Descendiente de nobles españoles, hombre de negocios y fundador de pequeñas empresas desde los 16 años, Álvaro de Marichalar y Sáenz de Tejada ha encontrado en el mar su instinto por los retos, la esencia de la vida y su pasión por los riesgos.
Recientemente completó su travesía desde la Florida hasta Panamá, para experimentar en carne propia lo que vivieron sus ancestros conquistadores de América.
A bordo de Numancia, su pequeña embarcación de 3 metros de eslora, desde 1982 ha realizado 40 rutas en 40 expediciones marítimas; 3 con barco de apoyo y 37 en solitario. La última fue hacia Panamá.
Desde la Florida hasta Panamá, De Marichalar acepta que ha sido de las más especiales y complicadas travesías que ha hecho en solitario.
“Me ha tocado viajar bajo tiempo riguroso, buscando alimentos, agua, combustible en los puertos que voy tocando. Debo conseguir un sitio donde repostar, dormir en puertos o a la deriva en la embarcación”, explica.
Sus travesías para promocionar cultura, deporte y vida sana, han traspasado sus expectativas. Las aguas del río Sena, canal de la Mancha, Estrecho de Gibraltar, Mar de Cantabria, y otros destinos le han abrigado a la intemperie, para establecer récordde navegación.
A su juicio, en el mar, flotando sobre su moto de agua, sin nada alrededor, es consciente de que el mundo en sí no es nada. Es solo una pequeña gotita perdida en el universo.
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