Variedades

El Valle de las sonrisas

Un pueblo que abre sus puertas a los más aventureros o a quienes disfrutan de una amena charla.


SOBRAN las razones para que El Valle de Antón sea la mejor opción para pasar uno, dos o más días. La primera de ellas, es su cercanía con la ciudad de Panamá e incluso de las provincias centrales.
Una vez allí, todo resulta sencillo; no sólo porque sobran las señalizaciones que indican la ubicación y distancia de los hermosos sitios que hacen de El Valle un lugar especial, sino porque ante la llegada de foráneos, sobra la información, de parte de los lugareños.
No se extrañe si llega a este lugar y un grupo de niños sale a su paso. "¿Quiere que le cuente la historia de la India Dormida?", "¿Le llamo a la señora del hotel?", sugieren entre sonrisas.
En El Valle comparten espacio mochileros europeos y japoneses, panameños residentes en la capital y nativos, sin que exista mayor diferencia entre ellos que en su fisonomía. En cada esquina, hay una tertulia en la que fácilmente pueden participar los cuatro grupos.
¿Qué conversa un vallero? Lo que su interlocutor le sugiera: información turística, historia, anécdotas..

Las lluvias y "bajareques" son frecuentes en El Valle, pero lo del 5 de noviembre fue un diluvio. La iglesia del pueblo sirvió de refugio para todos los que corríamos a refugiarnos del agua.
Pronto, tres adolescentes del lugar, dejaron su conversación -con todo lo que a su edad representa dejar de "chismear"- para dar detalles de cómo celebran en ese recinto sus coterráneos las fechas importantes.
Uno lugareño nos invitó a visitar el museo ubicado detrás de la iglesia. Una vez allí se detuvo unos instante frente a una pintura, sonrió e hizo saber que él la había pintado.
Manuel, así se presentó. Reside en una comunidad vecina y labora en una entidad gubernamental, pero recuerda cómo la India Dormida, y otras bellezas naturales del área inspiraron la pintura que hoy permanece en el ala de pintores nacionales, de el Museo de El Valle de Antón.
Había transcurrido media hora de amena conversación con el artista - y el guía del Museo, quien disfruta de mostar a los demás, sus valiosos tesoros- cuando la lluvia cesó.
Salimos de la iglesia, con al menos cinco nuevos amigos y tres nuevos destinos que visitar, sugeridos por ellos mismos.

  • Dialogar. No deja de ser una opción, si se tiene en cuenta que en el pueblo sobran los conversadores. Para aquellos, quienes gusten de estar en movimiento, en un clima privilegiado.

  • Bicicleta. Es posible alquilar bicicletas, al menos en dos locales en el centro del pueblo. Los costos varían si se alguila una hora, dos o el día entero.

  • Artesanías. Una de las atracciones más visitadas de El Valle de Antón, es el Mercado de Artesanías -actualmente en remodelación- donde se adquiere artesanía local, plantas y obras artísticas, como pinturas.

  • Equitación. Para jinetes expertos o principiantes, el lugar y el precio es el mismo; basta con preguntar la dirección o pedir la dirección a un conductor de ruta interna, que lo llevará por 25 0 30 centésimos, dependiendo del lugar dónde lo aborde.


Cabe destacar que los conductores de rutas internas son valiosos aliados dando información sobre lugares y costos -y hasta desviarse de camino para asegurarse de que llegue a su destino.
Cuando vaya a El Valle de Antón, diga de dónde procede y a dónde desea ir, d seguro alguien se ofrecerá a ayudarlo.

 
Desde la ciudad de Panamá toma cerca de una hora y media de camino llegar a esta comunidad. También es posible abordar un bus en la Gran Terminal de Transporte, que le costará B/.3.50.
Un hospedaje en el centro del pueblo, puede costar cerca de B/.25.00 por día, y es posible comer desde B/.1.50 en adelante.


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257917
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América