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“Ellos también son supersticiosos”


La costumbre de Ronaldo de entrar siempre al campo con el pie derecho o la del español Fernando Hierro de santiguarse cuando marca, son ejemplos de que el fútbol se ha convertido en un compendio de supersticiones, con signos, letanías y rituales encaminados a conseguir la victoria.
Algunas supersticiones son compartidas por muchos futbolistas, como colocarse siempre en el mismo lugar cuando posan para los fotógrafos o entrar en el césped con el pie derecho, un rito que tiene entre sus seguidores a los brasileños Ronaldo y Roberto Carlos, así como al panameño Dely Valdés.
El brasileño del Olympique de Lyon, Sonny Anderson, ex jugador del Barcelona, tiene su propia versión de este último ritual: entrar al campo a la pata coja, siempre con la derecha, señala un informe del último número de la revista de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF).
Los brasileños se caracterizan por tener unas curiosas costumbres antes de disputar un partido. Mientras algunos dejan velas en el vestuario, otros colocan a sus santos sobre un trozo de mármol.
En el terreno religioso, la costumbre de santiguarse es llevada a cabo por la mayoría de los futbolistas, como el español Luis Enrique, ya sea después de tocar el césped al salir al campo, o tras marcar un gol.
Los jugadores también eligen con especial cuidado el color de sus botas, y así, el argentino Amato juega con las blancas, el español Fernando Morientes las usa rojas, las de Ronaldo son plateadas, mientras que el rumano Contra las luce amarillas.
Pero son, sin duda, los porteros los más supersticiosos, sobre todo a la hora de elegir el color de su indumentaria, aunque a veces este detalle no aleje del todo el fantasma de la derrota.
Andoni Zubizarreta, tras la poca suerte que le daban el rosa o el rojo, acabó su carrera vistiendo de verde, un color que no le fue mal hasta el partido que España perdió con Nigeria en el Mundial de Francia 1998, cuando se dejó sorprender en el gol de la victoria (2-3).
La práctica totalidad de los futbolistas tienen amuletos, casi todos de índole religioso, y la mayoría se decanta por las imágenes de la Virgen, como el colombiano Faustino Asprilla o el argentino Juan Román Riquelme, o por crucifijos, como los que lleva el uruguayo Alvaro Recoba.
Los amuletos también pueden ser un arma de doble filo, como ocurrió con Moacyr Barbosa, guardameta de Brasil en el Mundial de 1950, quien colocaba en el fondo de su portería una muñeca, destrozada en la final por Chiggia al marcar el gol de la victoria de Uruguay, un triunfo que pasó a la historia como el “maracanazo”.
Según señala el informe de la revista de la RFEF, Barbosa estuvo a punto de suicidarse esa misma noche. Nunca fue perdonado en Brasil por la derrota.
Entre los entrenadores, es conocida la obsesión del argentino Carlos Bilardo por combatir la mala suerte, algo que pretendía hacer enterrando ajos detrás de la portería local y alrededor del banquillo.


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114902
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América