El matrimonio como institución social está en la cuerda floja. Clínicamente, de cada cuatro sólo hay uno que es funcional, afirmó la psicóloga Celeste González.
Siguió diciendo que de los tres restantes, hay uno donde hombre y mujer se quedan juntos, pero con altas y bajas y cierto grado de disfuncionalidad; otro, donde la pareja sigue junta bajo el mismo techo, pero separada física y emocionalmente. Está, además, aquél que termina en divorcio.
Antes el matrimonio era visto como un valor. Hoy, los divorcios están a la orden del día. Celeste González amplia: "el divorcio es una forma que la sociedad admite para poner fin a una relación que hace daño".
El divorcio es una puerta de esperanza para la pareja disfuncional, en el sentido de que cuando no hay amor ni comunicación, es la mejor salida, para escapar de la violencia, indiferencia y falta de respeto en que está empantanada la relación.
Pero, hay que agotar todas las posibilidades de salvar el matrimonio y el primer consejo que envía la terapeuta familiar González, de la Fundación Piero Rafael Martínez De La Hoz, es "ante situaciones de crisis de la pareja, no quedarse sola y pretender que eso se arregla solo".
Busquen ayuda, recalca, porque, "es una gran oportunidad de la pareja para revisar cómo está haciendo, de trabajar nuevamente en el proyecto de pareja, de matrimonio, para evaluar las necesidades nuevas que emergen y los cambios que se dan en la familia, que como organización viva sufre cambios y hay que prepararse para afrontarlos exitosamente".
Explicó que las crisis de la pareja no siempre tienen que ver con el aspecto emocional y la falta de amor o de comunicación. También las hay producto de factores externos a la familia, igualmente, puede surgir o acrecentarse a raíz de la pérdida del trabajo (que causa mermas en la economía hogareña), enfermedades, pérdida de un ser querido.