Eso sucedió en el Pabellón Juvenil de la Feria. En el taller denominado "Tanabata Matsuri".
Japón, país invitado de la XXI Feria Internacional del Libro, quiso presentar un popurrí de su cultura e hizo partícipe a los huéspedes del evento ferial y a los visitantes de la que llamó "Fiesta de las estrellas", donde las artes japonesas se entretejen: caligrafía (hiragana, katakana y los kanjis), ideogramas, mitología, literatura, escritura...
Luego, dan paso al amor y la fe, que van de la mano en la leyenda de amor de Orihime e Hikoboshi, "quienes son convertidos en estrellas y enviados por el padre de Orihime (Tenkou, dios del Firmamento) a cada extremo de la Vía Láctea, permitiéndoles reencontrarse únicamente una vez al año, el día séptimo del mes séptimo, siempre y cuando el clima así lo permita".
Guiados por los japoneses, niños, jóvenes y adultos participaron en la fiesta. Cientos de deseos y poemas fueron escritos y colgados del árbol, como suelen hacer en sus puertas y árboles los japoneses la víspera de la noche de Tanabata.
Los méritos son también para Colsubsidio y sus colaboradores, quienes demostraron una gran organización y capacidad para trabajar en equipo.
Pabellón infantil.
Globos, luces de colores, estrellitas, música y personajes de las tiras cómicas actuaban como "gancho", para lograr captar la atención de la niñez que se dio un banquete literario durante catorce maravillosos días.
En el Pabellón Infantil se hizo despliegue de imaginación, recursos, esfuerzos, creatividad e interés en brindar un paquete de opciones que conquisten a los niños, que les hagan pasar gratos momentos, los ayuden a enriquecer su vida con vivencias memorables, les aumenten sus conocimientos y les permitan interactuar.
Los visitantes eran atendidos por anfitriones que les regalaban su mejor sonrisa y se afanaban porque se sintieran libres de apropiarse del espacio y disfrutar de este convite cultural en donde los libros eran los protagonistas estrella.
Manos de niños que no cabían en sí de la felicidad, pasaban páginas llenas de color. De historias, de aventuras.
Como por arte de magia, la de la imaginación, que la dispara los hábiles escritores, su genialidad artística para usar las palabras para describir, pintar personajes y situaciones, los niños se transportaban, se iban de viaje por bosques encantados, por mundos de dragones, de príncipes, princesas y hadas; navegaban por ríos de gozo, recorrían castillos, conocían héroes y heroínas mientras sus ojos ávidos, entusiastas y asombrados recorrían las hermosas ilustraciones de artistas que se inspiran para lograr precisamente eso, casi hipnotizar a los lectorcitos.
Maravillarlos.
Fueron horas y horas de goce. De regalarse con la lectura.
Por si fuera poco, por los pasillos había personajes como Mickey, Minie, Elmo y otros muy queridos por los niños, con los cuales se tomaban fotografías e intercambiaban palabras. La fiesta no pudo ser mejor.