En el año 2001 nacía una de las sagas más taquilleras de los últimos años. “Rápido y Furioso” encontró en los autos modificados y veloces, en las chicas hermosas junto a la acción e ilegalidad, la mezcla necesaria para triunfar. Se debe señalar que esa “mezcla” fue una receta tomada de varias cintas de acción de la última década del siglo.
Diez años después y con cuatro entregas previas, llega ahora la quinta. Quién diría que vendría a ser la mejor y más entretenida.
En “Rápidos y Furiosos 5: Sin Control” se reúne a todo el elenco de los cuatro filmes previos y de hecho cuenta con el extravagante Vin Diesel –que es también el productor- para afirmarse como el eje de la saga.
También ahora se toma “prestado” el argumento y situaciones de otras películas del género como la saga “El Transportador”, y sus tan poco creíbles escenas de acción y las tramas y subtramas de golpe maestro al estilo de “La Estafa Maestra” (The Italian Job).
Esta vez y luego de escapar de una grave condena en los EE.UU., Dom (Vin Diesel) huye a Brasil, donde pronto se reunirá todo el grupo para continuar alejados de la ley, en un país donde no rigen los pedidos de extradición. No faltará en el grupo las ganas de realizar algún trabajo extra "non santo" –el dinero escasea cuando se escapa de la ley- que incluye entre muchas subtramas robar a un ladrón enquistado en el poder por $ 100 millones.
Las escenas de acción, aunque poco creíbles –que en una saga de cinco películas ya poco importa- funcionan a la perfección en una historia con todos los condimentos que Hollywood tiene para ofrecer.
Quien pueda dejarse llevar por el argumento y ame las historias del mundo criminal y los autos –no faltan el Dodge Charger de 1970, el Ford Maverick y el Chevrolet Impala– disfrutará con las persecuciones y los más de 200 autos destrozados, que ya son un récord.
Atención, existe una sorpresa al final. Parece que esta saga no terminará con solo cinco capítulos.