Las mujeres desempeñan un papel central durante las guerras por la ausencia de los hombres en los hogares y se enfrentan a numerosos obstáculos en la lucha por la supervivencia de sus familias, por lo que necesitan una mayor protección y asistencia, según el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).
Los problemas de seguridad, las necesidades de los niños, la escasez de recursos o la falta de libertad de movimientos son algunas de las dificultades a las que se enfrentan, señala el informe "Mujeres frente a la guerra", del CICR.
A estos obstáculos en la lucha por la defensa de su familia se unen las múltiples violaciones a las que son sometidas, sin que se cumplan las provisiones de las leyes internacionales humanitarias sobre su protección en tiempos de guerra.
Las mujeres suponen, junto a los niños, el 80 por ciento de las poblaciones civiles afectadas durante los conflictos y los abusos que sufren por parte de los combatientes son "inaceptables", dijo el vicepresidente del CICR, Jacques Forster.
Los Gobiernos deben reconocer sus problemas específicos y aplicar estrictamente las legislaciones internacionales, como los Convenios de Ginebra, y las resoluciones de la ONU, como la 3025 sobre "Mujeres, paz y seguridad", señaló Forster.
Los cuatro convenios de Ginebra de 1949 y sus dos protocolos adicionales de 1977 establecen que, en los conflictos armados, las mujeres deben recibir tanto una protección general -la misma que los hombres- como una especial habida cuenta de sus necesidades concretas derivadas de su sexo. Está prohibido que los combatientes les inflijan malos tratos, las torturen o cometan actos de violencia contra ellas.
También están especialmente protegidas contra todo atentado a su honor y en particular contra la violación y la prostitución forzada. Uno de los motivos por los que la población civil no recibe la asistencia a que tiene derecho es que no se da acceso a las organizaciones humanitarias como el CICR a las zonas donde se libran los combates.
La directora del proyecto, Charlotte Lindsey, resaltó que los principales abusos que sufren son de carácter sexual, por lo que desde hace un año el CICR desarrolla programas específicos de asistencia a las víctimas, en muchos casos, niñas. Las mujeres se ven obligadas a abandonar sus entornos tradicionales y tienen que subsistir realizando tareas a las que no estaban acostumbradas sin el apoyo de la comunidad y se exponen además a los peligros de las minas y municiones sin explotar.
Además es necesario que sean apoyadas en sus esfuerzos por reconstrur sus vidas tras los conflictos. Muchas que pierden a sus maridos o a sus padres durante una guerra, tienen que luchar posteriormente para sacar adelante a sus familias, para lo que ponen en marcha pequeñas empresas o proyectos para los que necesitan ayuda exterior.
Estas mujeres se quedan solas y, en muchos casos, sin tierras, sin hogar, sin asistencia social o pensiones, por lo que se enfrentan a grandes dificultades para recibir tratamiento médico, sobre todo en ginecología y obstetricia.
Para evitar que se repitan estos problemas, el informe señala la necesidad de difundir las reglas internacionales durante la formación de las Fuerzas Armadas y la Policía, así como trabajar en la concienciación de las poblaciones sobre el importante papel de las mujeres en tiempos de guerra.
El CICR considera muy útil la implicación de la mujer en la enseñanza de las poblaciones desplazadas o refugiadas sobre los principios básicos de atención a niños, sanidad o alimentación, para evitar la propagación de enfermedades.
Para dar a conocer estos problemas e intentar concienciar a la comunidad internacional sobre la necesidad de mejorar la protección de este grupo de la población, el CICR ha elaborado 11 reportajes rodados en siete países diferentes en los que se refleja la situación real en lugares como Afganistán, Sierra Leona o Kosovo.