La energía positiva que proviene del amor, de la solidaridad y la empatía unió en un coro de esperanza a más de seis mil educadores/as del Siglo XXI.
No sólo se escuchaban voces entonando canciones de júbilo, compromiso, entrega, motivación, autorrealización. Se sentía en el ambiente que algo grande sucedía, que imperaba la fuerza del querer hacer la diferencia, de la vocación auténtica.
Allí estaban sonrientes, llenos/as de motivos, vestidos/as de blanco (en homenaje al Dr. Oscar Arias, Premio Nobel de la Paz, orador invitado) los hortelanos/as que han de sembrar la semilla de la superación personal, descubrir en cada alumno/a al ser humano ansioso de que se le permita liderar su vida y co participar en la generación de bienestar para la sociedad.
Luego, hubo mensajes de aliento, satisfacción y compromiso, por parte de Marta L. de Cardoze, directora ejecutiva de la Fundación Gabriel Lewis Galindo, que ha capacitado a miles de docentes del país, vía el programa "Educador del Siglo XXI".
Esta cruzada revolucionaria, dirigida por la psicóloga Marina Peña, usa como "armas" la comunicación, la tecnología, la Carta de los Derechos Humanos, los valores fundamentales, la fuerza del diálogo, las ideas, la motivación y el aporte de iniciativas, talentos y recursos.
Los/las educadores del Siglo XXI, cimentan su acción estratégica de facilitadores/as, en una educación que echa por tierra la tradicional manera de transferir conocimientos en donde el/la estudiante es un "convidado de piedra" que memoriza, repite, carente de análisis, fechas, hechos y datos que no le dicen nada. Apela, más bien, a una docencia centrada en el alumno, en donde hay intercambio de ideas, análisis, libertad de opinión, trabajo en equipo; en que se toman en cuenta las diferencias individuales, donde todos tienen voz y voto, hay una relación horizontal, confianza, motivación y variedad de metodologías.
Una educación que se caracteriza por aprovechar las ventajas de la tecnología de punta, pero en que hay también espacio para la poesía y la música. Es decir, en que las ciencias no están divorciadas de la sensibilidad, romanticismo, en que la verdad última no la tiene nadie, sino que es una búsqueda compartida, divertida; donde no se asume que el estudiante carece de criterio (y se le invalida de antemano) y es una tabla rasa sólo en espera de que se le atiborre de información que no se le enseña a procesar y que le es indiferente porque es ajena a su realidad, sueños y expectativas.
Docentes testimoniaron cómo el "Programa Educadores del Siglo XXI" les benefició y les ayudó a re enfocar su rol. No pudieron faltar los mecenas de esta gran metamorfosis, empresarios/as, artistas, colaboradores/as, que en su hoja de vida pueden orgullosos anotar que son padrinos de toda iniciativa a favor de la educación, de la promoción del recurso humano, capital irremplazable e invaluable de la nación.
Para completar las razones para festejar aquél 13 de noviembre, fiesta de la cual damos detalles hoy Día del Maestro, en un compromiso con la comunidad nacional estudiantil los candidatos presidenciales encendieron antorchas, símbolo de la iluminación que da el acceso a un derecho fundamental humano como lo es la educación, que debe garantizar todo gobierno a la población.
Marta L. de Cardoze recordó a su padre, don Samuel Lewis Galindo, quien "nos enseñó a tener una visión amplia y a soñar en grande", a Harold Bernstein (quien la motivó a hacer realidad la ONG) y a otros hombres visionarios que dejaron huellas como forjadores del cambio y promotores de la educación,
Y no faltó la participación de la niñez, tierra fértil para ser abonada con buenos ejemplos y modelos; poseedora de potencial ilimitado, a veces adormecido o ignorado.