Desde tiempos inmemoriales el agua ha sido utilizada por el hombre no sólo como elemento básico en su alimentación "de ella depende su existencia", sino también como medida terapéutica a través del baño. En la India fueron halladas construcciones dedicadas a este fin que datan del año 2000 antes de Cristo y por todos es conocida la gran pasión que sentían los antiguos griegos y romanos por las excelencias de las aguas termales. Los ciudadanos acudían a las termas no sólo por el beneficio que éstas propiciaban a sus organismos, sino también por el beneficio social que les reportaban, ya que era un importante centro de socialización.
Aquellas termas han evolucionado hasta llegar a los lujosos balnearios actuales, ya que desde entonces la utilización del agua por sus propiedades curativas ha sido una constante en todas las sociedades.
El líquido elemento tiene diferentes efectos en el cuerpo humano, según su utilización, tipo y temperatura. Existe toda una serie de hidroterapias, dependiendo del beneficio que se busque y la zona del cuerpo afectada. La hidroterapia combina el agua caliente y fría por sus diferentes efectos positivos en la salud.
El agua caliente de las termas aumenta la temperatura del cuerpo, con lo cual logra matar posibles gérmenes como los virus. A su vez, la presión hidrostática del cuerpo aumenta, por lo que también lo hace la circulación sanguínea y se eliminan las toxinas. Por otra parte, se produce un aumento en la oxigenación y en nuestro metabolismo, algo que redunda positivamente en una mejora de la digestión.
Un uso continuado de este tipo de baños puede ayudar a mejorar el funcionamiento del sistema nervioso, además de aportar relajación física y mental. Además, son muchas las patologías tratadas con baños termales, como las de la piel, reumáticas, enfermedades metabólicas como la diabetes, la obesidad y la gota, problemas respiratorios, así como otras relacionadas con el estrés.
En el lado opuesto, el agua fría hace posible la constricción de los vasos sanguíneos, reduciendo el flujo sanguíneo a la piel y músculos y aumentando la circulación a los órganos internos.
Pero no sólo el agua de las termas puede ser beneficiosa para las salud de los humanos. El agua de mar ha sido utilizada desde hace mucho tiempo para combatir enfermedades de diferente signo, como las afecciones de la piel, la desnutrición, el asma, los problemas de próstata, la artritis, el cansancio, la sinusitis o el estrés.
Uno de los tratamientos más extendidos en la actualidad se basa en este tipo de agua.
La talasoterapia, del término griego "thalasa", que significa mar, se basa en la utilización de agua salina del mar, recogida a una determinada profundidad del fondo marino y calentada a la temperatura del cuerpo humano. Además, reúne también los principales elementos marinos como algas y barro.
Gotas de salud, relajamiento y bienestar
Desde tiempos remotos el ser humano ha utilizado el agua para tratar enfermedades y mejorar el bienestar del organismo.